Al compás de martinete hace 7 años entré a esta casa. Mientras escuchaba el golpe del martillo sobre las tablas de madera una y otra vez, como sonido liberador que transmitía a mi cuerpo la fuerza y el coraje necesario para superar la enfermedad. La compañía incomparable de “mis viejitas” que con sus bromas y  sus historias que me hicieron reir, regresan en este momento a mi como el dulce sonido del violín que con su voz un tanto melancólica, me trae los recuerdos de esos que se atesoran con mucho cuidado en una hermosa cajita antigua de madera con los bordes pintados a mano por el pincel de la abuela.

Entré en esta casa con muchos sueños para compartir, muchas ideas desquiciantes como telas de distintas texturas y colores. Todas hilvanadas apenas y sostenidas con frágiles alfileres, pero con unas ganas muy grandes de convertirlas en un vestuario vaporoso, lleno de vuelos y detalles que por si mismo transmitiera unas ganas desmedidas de disfrutar los momentos, celebrarlos por el puro gusto de poder bailar y de sentirse completa y absolutamente viva.

Cuántas historias escribimos aquí, cuántos procesos personales y grupales se quedan de alguna forma impregnados en este espacio que ocupamos. Tenemos además tanta suerte  que la gran mayoría de ellos nos permitieron bailar a compás de bulería o de hermosas alegrías y los más tristes, fueron también amalgamadores, constructores de una amistad fuerte y sincera: nos consolidaron.

No puedo escoger los recuerdos más importantes, porque todos los son, al menos para mi: Al compás del tiempo, la celebración de los 15 años que trabajamos tan fuerte con nuestro amigo Felipe. El nacimiento de Triana con Al Andalus en Nochebuena, que lo disfruté a pesar de las carreras. Proartes/Teatro Nacional en Contigo Andalucía…sin palabras. El cuento de Navidad con final feliz de la Vendedora de Fósforos y Estación 20 con Manuel Montero para cerrar este ciclo en esta casa de la que hoy nos mudamos.

No quise acercarme cuando levantaron el piso, no quise saber, porque siempre me cuestan las despedidas, sobre todo cuando uno se la ha pasado tan bien. Me despido de esta casa agradecida por tantas experiencias hermosas y no tengo derecho a queja, sólo agradezco estos 7 años de oportunidad.

Hoy estamos en Casa Al Andalus, un espacio distinto al que todavía no logro acostumbrarme. No lo siento mío aunque lo he trabajado especialmente junto a Ali desde que en Diciembre el tren partió de la Estación 20. Pero ya me iré haciendo a la idea aunque me tomará un tiempo. Ya iremos poco apoco llenándolo de recuerdos para apropiárnoslo, para sentirlo cercano y empezar a quererlo como ese lugar que nos reúne y nos permite compartir eso que nos vincula de maneras impensables: el flamenco.

Curiosamente como parte de este proceso de inicio, me ha tocado este año trabajar con un grupo de chicas completamente nuevo. Esta tarea no la realizaba desde hace ya bastante tiempo y de alguna forma ha sido renovadora y refrescante. Me recuerda todos los lunes por qué hago esto y por qué lo amo tanto. El esfuerzo, las ganas que se desbordan, las dificultades que ahora  parecen una montaña cuando se verán insignificantes más adelante y el trabajo con alegría para resolverlas. Recordando, mi espíritu se llena y se dispone a soñar otra vez.

Hoy como hace 7 años la incertidumbre también me cohabita con un poco más de fuerza. Pero me atrevo a pensar que lo que viene será tan gratificante y tan necesario para crecer como todos esos recuerdos hermosos que he atesorado con el paso de los años. Naty me decía ayer que decorara una pared con nuestras fotos más importantes y sí, definitivamente voy a hacerlo a manera de un recordatorio diario de lo que hemos vivido, de lo que tenemos que agradecer y para no olvidar el motivo por el que nuestros pies y nuestras manos encuentran en los “ayes” desgarradores y en el “tirititran” de la fiesta, una excusa para arrullar con una nana flamenca algunos rincones escondidos de nuestro sentir, pero que al fin y al cabo es lo que nos mantiene vivas.

Bienvenidos todos a esta casa, bienvenidos los que quieran compartir a nuestro aire, los que estén dispuestos a soñar junto a nosotros. Esta es su casa y yo estaré acá para cuidar que este suelo que recibe los primeros golpeteos de los zapatos y estas paredes que aún no conocen el soniquete de las castañuelas, estén siempre confortables para recibir a los amigos.