Por Mariangel Vindas
Psicóloga y bailaora

Bailar flamenco es beneficioso, ¿a quién no podría gustarle, a quién no podría beneficiarle? Es tan bonito, tan retador, tan divertido, tan apasionante, tan chiva ir a las clases y compartir con las compañeras. Estas opiniones, y creo que no me equivoco, ellas las compartirían conmigo y agregarían muchos sentimientos más, llenos de pasión y de amor por esta disciplina tan maravillosa que nos cautiva, nos enamora y nos pone a bailar donde sea que suene una sevillana o cualquier ritmito que pueda parecernos “aflamencado”, y si no parece flamenco, ¡igual le metemos los zapateados y los floreos!

Pero para quienes necesitan un  poquito más para terminar de convencerse, o para quienes ya lo disfrutan pero quieren ver todo lo hermoso que nos aporta, hagamos un recuento con puntos específicos del baile flamenco y sus beneficios psicológicos:

1)      AUTOESTIMA: Si una persona se dio la oportunidad de entrar a clases de baile flamenco, ya hay ahí un poquito de amor propio, sea consciente o inconsciente. Esta persona se percibe con la capacidad de aprender, considera que puede manejar la frustración de no poder hacer todo al comienzo, pero si persevera es porque sabe que puede ir mejorando y permitirse experimentar el proceso de aprendizaje: la frustración del inicio y la satisfacción de poder ejecutar un movimiento que unas semanas antes no podía hacer. Si le gusta el flamenco y va a clases, la persona se está permitiendo “chinearse” y esto, con el tiempo, ayuda a mejorar la autoestima. Tal vez al inicio ya había mucho amor propio o poco, pero después habrá más. Y esto no es opinión de Mariangel, la bailaora, es porque cuando estudiamos psicología nos lo enseñan; en el trabajo de autoestima, un objetivo indispensable de lograr con el consultante es que saque tiempo para hacer algo que le llame la atención, que le distraiga, que le haga sentir capaz, que le obligue a salir de su zona de confort y darse cuenta de que esto, contrario a lo que algunos podrían creer, es más beneficioso que perjudicial (nadie dijo que no fuera un poquito incómodo al comienzo).  Es bonito creérsela, y después de varios tacones fuera de tiempo, o de varios brazos donde no tocaban, cuando el paso sale uno no se cambia por nadie. Ahora imagínese esta sensación de percibirse capaz a cada ratito, luego de cada paso aprendido, de cada presentación, de cada reconocimiento de la profe luego de una corrección, o de darse cuento uno solito que ya puede hacer lo que hace poquitos minutos, días, semanas o años no podía. Nunca deja de ser un reto; tiene tantos palos, tantos movimientos, es tan amplio, entonces no se “gasta”, nada más se aprende cada vez más y surgen nuevos retos.

 

2)     HABILIDADES SOCIALES: Cuando se asiste a terapia psicológica, se pretende que lo que se va logrando en el espacio seguro dentro del consultorio y en la conversación con el terapeuta vaya pudiendo extenderse al afuera. A terapia algunas veces llegan personas que se consideran muy introvertidas y desean cambiarlo porque les incomoda, o personas que creen que ser tímido no está bien (aunque a ellos, personalmente, no les incomode). Lo bonito durante la terapia es que, gracias al trabajo en equipo, quien era introvertido va sintiéndose en confianza con el terapeuta y se va “soltando” y así va pasando también con sus relaciones interpersonales fuera del consultorio. También es muy provechoso cuando quien veía la timidez como un defecto, comprende que no lo es y empieza a sentirlo de esa manera, como una característica de su personalidad y no como un “error” de su personalidad. Pues lo mismo pasa en las clases de flamenco, o al menos en las clases en Al Ándalus. Por la manera en la que se desarrollan las clases, compartimos con otras compañeras. Podemos ser tímidas e irnos soltando porque nos vamos conociendo, o porque debemos vencer la timidez para preguntarle a la compañera/amiga cómo era el paso o podemos darnos cuenta que tímidas o no, podemos ir a la clase y hacerla bien, no hace falta una manera de ser específica. Y uso la timidez como un ejemplo, pero lo  mismo sucede con otras características: la extrovertida tiene que aprender a quedarse calladita a veces porque la profesora está explicando o porque otra compañera está hablando, la que  es mandona mejor delega a veces, la que es sumisa o que le gusta que la manden a veces tiene que armarse de valor y guiar a sus compañeras cuando el baile o la coreografía así le exige. Vamos aprendiendo a conocernos, a conocer a nuestras compañeras y darnos cuenta de que esas compañeras pueden ser amigas también, dentro y fuera del salón de baile. También podemos darnos cuenta de que no todas las compañeras van a ser nuestras amigas, o la que antes no era amiga ahora sí es o la que me caía bien ya parece no ser tan afín a mí, pero eso no quiere decir que no podamos trabajar bien si vamos a ser parejas en una sevillana, o si esa compañera puede explicarme un paso o yo a ella. Las clases de baile flamenco, en grupo como son las nuestras, nos ayudan a mejorar las habilidades sociales. Descubrimos que no tenemos que ser las mejores amigas de todas, pero que si queremos que sea el espacio ameno que buscamos, debemos respetar a la tímida, a la bombeta, a la llorona, a la de buena memoria, a la que tiene memoria de teflón que nos saca de quicio o a la que lleva el compás. Desarrollamos tolerancia, aceptación, aprendemos a tener paciencia, adaptarnos e incluso encariñarnos con todas o la mayoría, sean nuestras amigas o no. Y esto que aprendemos lo podemos aplicar en nuestros trabajos, dentro de nuestra familia, cuando asistimos a una reunión con desconocidos.

 

3)     VALIDEZ ECOLÓGICA: ¿Qué quiere decir esto de la validez ecológica? Cuando se dice que una prueba o un “test” tiene validez ecológica es que los resultados obtenidos por el paciente (en este caso seríamos las bailaoras) en una prueba determinada (en este caso sería la clase de baile) permitirían inferir o predecir la capacidad funcional del sujeto en su día a día (o sea, ya nosotras fuera del salón) (García-Molina, Tirapu-Ustárroz y Roig-Rovira; 2007). Ahora expliquemos esto y la maravilla que el flamenco nos permite: por ejemplo, si una persona se asoma a una de nuestras clases de baile, puede “darse gusto” porque encuentra de todo: altas, bajas, contexturas delgadas, medias, gruesas, rubias, castañas, adolescentes, adultas… Y esto sólo mencionando características físicas, pero lo mismo para características de personalidad. Para bailar flamenco, y especialmente para poder bailar flamenco en Al Ándalus, no hay un tipo de cuerpo, un carácter mejor que otro; ¡que lo digan Hannia y las profes! Ellas hacen un gran esfuerzo para que cada una se sienta como una princesa en el vestido o para que cada una pueda expresarse a través del baile o para que logremos manejar ambientes agradables. Además, esa persona curiosa que se asomó a una clase también podría darse cuenta de que pasamos de una contentera de baile (una Rumba, por ejemplo) a un baile más triste, más veloz, o con mucho zapateado pero menos floreo… Además podemos estar usando el abanico, luego las castañuelas, a veces no tenemos nada en la mano más que la florcita o el torito (o el garabato) que formamos con los dedos.  Pasamos de estar riéndonos a ponernos nostálgicas… muchos elementos, sentimientos, palos y expresiones suceden en una sola clase. Ahora lo más lindo: pensemos cómo es “allá afuera”. Imaginémonos que vamos caminando por la calle o manejando o en el bus y ponemos atención a nuestro alrededor. Vemos a personas altas, bajas, gordas, flacas; conocemos a personas muy dulces, a otras chichositas, hay extrovertidas y calladitas. Esta es la belleza que hay en este baile: lo que vemos en la clase, es lo mismo que tenemos afuera. Y lo que aprendemos a manejar dentro de la clase, nos permite luego también mejorar cómo nos desenvolvemos cuando no estamos en nuestra “burbujita de felicidad” (entiéndase las dos horas que estamos en Casa Al Ándalus), que resulta no ser una burbujita, sino una pincelada de lo que es nuestra vida y nuestro ambiente. Hay algunas limitaciones, no tenemos muchos caballeros en la Academia (en realidad tenemos a uno, Leo, que se merece su reconocimiento, el resto lo redacto con “nosotras”, “compañeras”, “amigas”, ahora le tocó a él también), por ejemplo. Pero esto podría compararse con el apartado al final de los trabajos de investigación que se llama “limitaciones”. En nuestra academia hay limitaciones, no podía ser todo perfecto, ¡afuera tampoco todo es perfecto!

 

4)     EXPRESIÓN DE EMOCIONES: Como ya he venido mencionando, el baile flamenco es diverso, al igual que nuestras emociones. A veces nos sentimos muy felices… podemos bailar una rumba, una alegría o unas sevillanas y le ponemos ese sentimiento y sale un baile divino (con un poquito también de conocimiento teórico, pero la parte del sentimiento se facilita porque el palo es compatible con lo que sentimos). Puede ser que la tristeza o la nostalgia anden merodeando, pues bailamos una Sevillana con una letra que nos permita profundizar en lo que estamos sintiendo o le  pedimos a la profe  que ponga una Soleá. Esta es otra ventaja del baile flamenco. Puede pasar al revés: hay una canción que sugiere un sentimiento gracias al palo y/o a la letra y luego uno empieza a sentirse así también. Investigaciones han demostrado que podemos trabajar de adentro hacia afuera o de afuera hacia adentro. O sea, si nos sentimos felices, seguramente nuestra expresión facial lo va a demostrar y seguro vamos a andar con una sonrisa puesta; pero si nos ponemos la sonrisa (aunque al principio forzada), podemos llegar a sentirnos felices también.

 

5)     EJERCICIO FÍSICO Y APORTES A LA SALUD MENTAL: El baile flamenco es un ejercicio físico dinámico que involucra grandes grupos musculares de forma rítmica. Este tipo de ejercicio, según Saz, Gálvez, Ortiz y Saz (2011), es el tipo de ejercicio que más se ha estudiado como saludable. El ejercicio físico mejora la salud mental: “Así, se observa una reducción de la ansiedad y de la fatiga crónica y mejora del estado de ánimo en la población general y vieja, respectivamente. También hay evidencia de que el ejercicio y la actividad física tienen efectos beneficiosos sobre los síntomas de la depresión comparables al de los tratamientos antidepresivos. El ejercicio favorece la liberación de endorfinas, la relajación muscular y mental y mejora la autoimagen corporal. En los pacientes deprimidos, la práctica de actividad física que sea agradable parece ser positiva en su estado de ánimo” (p.21). Finalmente, en cuanto al aporte a la salud mental añaden: “…fomenta… la relajación y la capacidad para hacer frente al estrés…” (Saz, Gálvez, Ortiz y Saz; 2011, p.21). En resumen, adicional a la cantidad de beneficios psicológicos ya mencionados, le sumamos los beneficios que, de por sí, el ejercicio físico aportan a nuestra salud mental, practicado responsablemente y con supervisión profesional.

 

A esta lista se le pueden sumar más beneficios psicológicos (y muchos otros relacionados con trabajo de coordinación, memoria, aprendizaje cultural, por ejemplo).

Por algo decía yo que el baile flamenco era tan lindo y aportaba tanto a nuestras vidas. Y al que no me creía, no terminaba de convencerse o no lo valoraba lo suficiente, ¡“objetivamente hablando” ya no hay quite!

 

Referencias

García-Molina, A., Tirapu-Ustárroz, J. y Roig-Rovira, T. (2007). Validez ecológica en la exploración de las funciones ejecutivas. Anales de psicología, 2, 289-299.

Saz, P., Gálvez, J.J., Ortiz, M. y Saz, S. (2011). Ejercicio físico. Medicina Naturista, 1, 18-23