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Nuestros gestores: Patricia Urrutia y Fernando Mejías

En este 2011 cumplimos 20 años, por lo que cada mes rememoraremos algunas personas y momentos importantes de nuestra historia, tanto en este blog como en la decoración de la Academia.  Aquí elprimer texto, escrito por Rocío.

Fernando Mejías y Patricia Urrutia, son indiscutiblemente los gestores del grupo Al Andalus, al heredar a sus respectivos hijos e hijas, la afición por el flamenco.

Fernando Mejías en el espectáculo "Contigo Andalucía", presentado en el año 2009 en el Teatro Nacional.

El cante flamenco es uno de los elementos que no puede faltar y que se resiente profundamente cuando está ausente en la práctica o en el escenario. Sin embargo,dada la naturaleza cultural particular de este arte, es bastante difícil encontrar cantaores en estas latitudes centroamericanas. Pero por esas rarezas del destino, Fernando Mejías llegó a Costa Rica en 1969 y aunque yo que lo conozco sé que le gusta que lo escuchen cantar, se ha dedicado más que todo a cantar por lo bajito: para su familia y para grupos de amigos cercanos quienes disfrutan de su arte, aunqueno en pocas ocasiones su voz ha llegado a auditorios más grandes, incluyendo el Teatro Nacional.

Fernando Mejías, el papá de mi esposo, nació en Sevilla en 1940. Su padre falleció cuando él tenía apenas 2 años de edad y sus abuelos maternos fueron los encargados de criarlo. Su abuelo Fernando era muy aficionado al flamenco y desde muy pequeño lo llevaba a los mejores lugares de Sevilla a ver y escuchar flamenco. Fue allí en la Alameda de Hércules, muy cerca de su barrio de niñez, que escuchó a figuras históricas como Pastora Pavón (la Niña de los Peines), Pepe Pinto, Manolo Caracol y muchos otros artistas de la Edad de Oro del flamenco.

Rodeado de este ambiente y con un abuelo que también cantaba flamenco, era casi inevitable queFernando Mejías empezara a cantar. Es un cantaor a la antigua, ortodoxo y muy estudioso de los grandes del cante. Le he escuchado cantar palos muy diversos, pero reconozco que disfruta de las siguiriyas y de los fandangos naturales, con una capacidad admirable para recordar un sinnúmero de letras.

Sus dos hijos, Jose y Juan, crecieron escuchándolo cantar, y como en un ciclo que la vida repitiera, ambos empezaron a interesarse en todo lo que tenía que ver con el flamenco. Gracias a su padre adquirieron también ese afán por el estudio del cante antiguo y por el rescate de letras poco usuales.

Casi me atrevo a decir que fue el primer cantaor en Costa Rica y diversos grupos de aficionados a lo largo del tiempo tuvieron la oportunidad de tenerlo dentro de los cuadros flamencos que presentaron.Se presentó en el año 2001 en el Teatro Nacional, en el marco del I Festival de Flamenco en Costa Rica, acompañado en la guitarra por su hijo Juan Mejías. El grupo Al Andalus también ha disfrutado su presencia en algunas ocasiones, la más reciente en el Teatro Nacional, con el espectáculo Contigo Andalucía en el 2009, donde a sus 70 años cantó unas soleares a capella que resonaron en todo el teatro.

Patricia Urrutia es la gestora del baile en Al Andalus y es mi mamá. Nació en Guatemala en 1953 y desde niñas,ella y sus dos hermanas estudiaron baile español en la Academia de Mary Farrington, apoyadas con mucho entusiasmo por mi abuela Mercedes a quien sin lugar a dudas le hubiera gustado aprender a bailar. En Ciudad Nueva, fue donde Patricia se inició como profesora de baile con una pequeña academia en su propia casa.

Patricia Urrutia a la edad de 12 años.

Por diversas circunstancias se vio forzada a dejar su país natal y luego de vivir dos añosen Nicaragua, llegó a Costa Rica, convirtiéndose en una de las primeras maestras de este tipo de disciplina en el país. Así recuerdo haber aprendido de ella desde jotas aragonesas pasando por baile clásico español hasta rumbas y fandangos, entre otros. Muchas niñas estudiaron en su academia y con su paciencia y alegría aprendieron a tocar castañuelas, al tiempo que encontraron un pasatiempo diferente que las acompañó durante bastantes años de la vida.


Patricia y su hermana Rosario en 1972 en uno de los espectáculos de la Academia de Mary Farrington

Mientras Patricia se dedicó a dar clases, muchos Hogares de Ancianos, Orfanatos e instituciones cuya misión fuera la beneficencia disfrutaron de su presencia y la de sus alumnas. También estuvo participando en varias oportunidades en el Festival Nacional de Coreógrafos que se celebraba en el Teatro Nacional. Como anécdota recuerdo unavez que para el ensayo general de uno de los festivales nos tocó practicar descalzas en el salón donde se estaba llevando a cabo el ensayo, porque no era permitido el uso de zapatos debido al daño que se le podía ocasionar a la madera. ¡Así que muy humildemente todas bailamos sin zapatos!

Patricia en su casa en Guatemala, en 1964

Tanto mis hermanas Karla y Alicia como yo, de alguna forma heredamos ese gusto por el baile español de mi madre, similar a lo que les sucedió a Jose y a Juan con el cante de su padre. Aunque la enseñanza que ella brindaba estaba enfocada al baile español, a medida que el tiempo pasó y me hice mayor, la atracción por el flamenco se fue acrecentando y la curiosidad se volvió una necesidad de vida, por lo que empecé a estudiarlo con mayor profundidad.

Patricia Urrutia en el salón donde impartía clases, a mediados de los 80

A pesar que ya hace muchos años Patricia no se dedica a la enseñanza del baile español, es la fan número uno de Al Andalus. Siempre nos acompaña en las funciones y desde el escenario escucho su jaleo sentido y sé que disfruta y se preocupa tanto como yo.

Patricia con sus alumnas en la década de los 80

En este 2011 que Al Andalus cumple 20 años, quiero dar gracias a Patricia, mi mamá, y a Fernando, mi suegro, por todo su legado de arte a otras generaciones. Con respeto lo he acogido y con respeto y con muchísimo cariño hemos tratado en Al Andalus de acrecentarlo,mantenerlo vivo y más que eso… disfrutarlo!

El INICIO…

Fernando Mejías y Patricia Urrutia, son indiscutiblemente los gestores del

grupo Al Andalus, al heredar a sus respectivos hijos e hijas, la afición por el

flamenco. Fernando que llegó al Salvador desde Sevilla a mediados de los

sesenta y Patricia que vino desde Guatemala hasta Costa Rica a principios de

los años ochenta; creo que jamás imaginaron que abrirían camino en el arte

flamenco y que a la larga con el transcurso del tiempo, varias generaciones de

mujeres principalmente, crecerían disfrutando y amando el flamenco.

El cante flamenco es uno de los elementos que no puede faltar y que se

resiente profundamente cuando está ausente en la práctica o en el escenario.

Sin embargo, dada la naturaleza cultural particular de este arte, es bastante

difícil encontrar cantaores en estas latitudes centroamericanas. Pero por esas

rarezas del destino, Fernando Mejías llegó a Costa Rica en 1969 y aunque

yo que le conozco sé que le gusta que le escuchen cantar, se ha dedicado

más que todo a cantar por lo bajito: para su familia y para grupos de amigos

cercanos quienes disfrutan de su arte. Aunque no en pocas ocasiones su voz

ha llegado a auditorios más grandes, incluyendo el Teatro Nacional.

Fernando Mejías, el papá de mi esposo, nació en Sevilla en 1940. Su padre

falleció cuando él tenía apenas 2 años de edad y sus abuelos maternos

fueron los encargados de criarlo. Su abuelo Fernando era muy aficionado al

flamenco y desde muy pequeño lo llevaba a los mejores lugares de Sevilla a

ver y escuchar flamenco. Fue allí en la Alameda de Hércules, muy cerca de su

barrio de niñez, que escuchó a figuras históricas como Pastora Pavón (la Niña

de los Peines), Pepe Pinto, Manolo Caracol y muchos otros artistas de la edad

de oro del flamenco.

Rodeado de este ambiente y con un abuelo que también cantaba flamenco,

era casi inevitable que Fernando Mejías empezara a cantar. Es un cantaor a la

antigua, ortodoxo y muy estudioso de los grandes del cante. Le he escuchado

cantar palos muy diversos, pero reconozco que disfruta de las siguiriyas y de

los fandangos naturales, con una capacidad admirable para recordar un sin

número de letras.

Sus dos hijos, Jose y Juan, crecieron escuchándolo cantar, y como en un ciclo

que la vida repitiera, ambos empezaron a interesarse en todo lo que tenía que

ver con el flamenco. Gracias a su padre adquirieron también ese afán por el

estudio del cante antiguo y por el rescate de letras poco usuales.

Casi me atrevo a decir que fue el primer cantaor en Costa Rica y diversos

grupos de aficionados a lo largo del tiempo tuvieron la oportunidad de tenerlo

dentro de los cuadros flamencos que presentaron. Se presentó en el año

2001 en el Teatro Nacional, en el marco del I Festival de Flamenco en Costa

Rica, acompañado en la guitarra por su hijo Juan Mejías. El grupo Al Andalus

también ha disfrutado su presencia en algunas ocasiones, la más reciente en el

Teatro Nacional, con el espectáculo Contigo Andalucía en el 2009, donde a sus

70 años cantó unas soleares a capella que resonaron en todo el teatro.

Patricia Urrutia es la gestora del baile en Al Andalus y es mi mamá. Nació en

Guatemala en 1953 y desde niñas, ella y sus dos hermanas estudiaron baile

español en la Academia de Mary Farrington, apoyadas con mucho entusiasmo

por mi abuela Mercedes a quien sin lugar a dudas le hubiera gustado aprender

a bailar. En Ciudad Nueva, fue donde Patricia se inicia como profesora de baile

con una pequeña academia en su propia casa.

Por diversas circunstancias se ve forzada a dejar su país natal y luego de

vivir dos años en Nicaragua, viene a Costa Rica, convirtiéndose en una de las

primeras maestras de este tipo de disciplina en el país. Así recuerdo haber

aprendido desde jotas aragonesas pasando por baile clásico español hasta

rumbas y fandangos, entre otros. Muchas niñas estudiaron en su academia

y con su paciencia y alegría aprendieron a tocar castañuelas, al tiempo que

encontraron un pasatiempo diferente que las acompañó durante bastantes

años de la vida.

Mientras Patricia se dedicó a dar clases, muchos Hogares de Ancianos,

Orfanatos e instituciones cuya misión fuera la beneficencia disfrutaron de

su presencia y la de sus alumnas. También estuvo participando en varias

oportunidades en el Festival Nacional de Coreógrafos que se celebraba en

el Teatro Nacional. Como anécdota recuerdo una vez que para el ensayo

general

donde se estaba llevando a cabo el ensayo, porque no era permitido el uso de

de uno de los festivales nos tocó practicar descalzas en el salón

zapatos debido al daño que se le podía ocasionar a la madera. Así que muy

humildemente todas bailamos sin zapatos!

Tanto mis hermanas Karla y Alicia como yo , al igual que con los hermanos

Jose y Juan y el cante de su padre, de alguna forma heredamos ese gusto por

el baile español de mi madre. Aunque la enseñanza que ella brindaba estaba

enfocada al baile español, a medida que el tiempo pasó y me hice mayor, la

atracción por el flamenco se fue acrecentando y la curiosidad se volvió una

necesidad de vida.

A pesar que ya hace muchos años Patricia no se dedica a la enseñanza del baile

español, es la fan número uno de Al Andalus. Siempre nos acompaña en las funciones

y desde el escenario escucho su jaleo sentido y sé que disfruta y sufre tanto como yo.

En este 2011 que Al Andalus cumple 20 años, quiero dar gracias a Patricia, mi mamá,

y a Fernando, mi suegro, por todo su legado de arte a otras generaciones. Con

respeto lo he acogido y con respeto y con muchísimo cariño hemos tratado en Al

Andalus de acrecentarlo, mantenerlo vivo y más que eso… disfrutarlo!

Rocío.

Para terminar el año

Por Rocío

Este 2010 fue un año de mucho trabajo para Al Andalus. Además de preparar  nuestro proyecto para diciembre, disfrutamos de mucho flamenco con talleres y cursos cortos. Los primeros fueron durante el Festival Internacional de las Artes a finales de marzo, con los talleres cortos que tuvimos la oportunidad de organizar con las bailaoras María José Franco y Sonia Poveda. Unos meses después, algunos de los miembros de Al Andalus participaron en los talleres organizados por el Centro Cultural de España:  El Sonido y el Gesto Flamenco, de la Compañía Bulos y Tanguerías; y en un pequeño taller de baile con la bailaora Auxi Fernández, el pasado 11 de Diciembre.

El proyecto de Al Andalus La Vendedora de Fósforos nos mantuvo muy atareados y nos permitió al mismo tiempo, crecer de forma diferente y cumplir con el reto que nos propusimos en enero. Para la compañía Al Andalus significó muchísimo crecimiento personal, a pesar de los obstáculos individuales y grupales; no obstante, el trabajo de dirección escénica de Sylvia Sossa se vió finalmente reflejado en la puesta en escena. Por otro lado, el mayor desarrollo de habilidades a nivel técnico y rítmico fue evidente para mí y me siento muy orgullosa del resultado de nuestro trabajo. Particularmente debo confesar que nunca imaginé que las sevillanas se verían tan elegantes y que lograrían transmitir la sensación del fuego de una forma tan especial. Les agradezco mucho su empeño, su paciencia y el corazón que le ponen siempre a cada proyecto. Las he visto crecer año con año y sé que tanto Sylvia como yo, estamos más que satisfechas con su desempeño en este 2010.

Las Alegrías para mi tienen algo muy especial. Es uno de mis palos favoritos y me deleito tanto en el proceso de construcción como en el resultado final. Las chicas del nivel intermedio saben cuánto nos costó lograrlas de forma impecable. La lucha que se libró para pulir los zapateados, que los brazos fueran iguales, aprender a sentir el ritmo, entender la cuenta de los pasos y finalmente interpretar los personajes madre-hija dentro del contexto del cuento, lo cual  no fue fácil al principio dada la cercanía de edades y la poca experiencia de madres en la vida real. Sin embargo, el resultado fue el que esperábamos: coreografía limpia, expresión apropiada y una sensación etérea  que me permite decirles que cumplieron su reto de este año.

El trabajo con las castañuelas y el estudiar un ritmo en cuentas de 12 del grupo que trabajó durante los días viernes, también es reto cumplido. Agradezco su entusiasmo y su alegría, las ganas que volcaron sobre la propuesta y su sensación de grupo tan fuerte que es contagiante. El tango-rumba fue de alguna forma la representación de la personalidad que tiene ustedes como grupo y estoy segura que esa sensación tan fuerte durante La Fiesta, fue sentida y aplaudida por los espectadores de forma especial.

En este 2010 también dimos la bienvenida a nuevas integrantes que se involucraron con nosotras en la aventura de aprender este arte maravilloso del flamenco. Personas muy lindas e interesantes, con muchas ganas y mucho optimismo, que en varias ocasiones me hicieron reir con sus ocurrencias. También admiro mucho el trabajo que hicieron, pues su reto fue de alguna forma mayor, ya que para muchas era la primera vez que estaban en el escenario de un teatro y eso sumado a los zapateados, brazos, torsos, cabezas, parejas, frentes y formaciones en la coreografía, es una tarea minuciosa a la cual hay que dedicarle tiempo y esfuerzo. Here is the best golden goose para hombre. Eso ví en La Vendedora de Fósforos, con un resultado coreográfico bastante limpio y una coordinación admirable.

Quiero rescatar también el trabajo de las profesoras Naty, Ali y Silvia, que se entregaron a la tarea de forma especial, permitiendo que el resultado final estuviera a la altura de los espectáculos que con tanto trabajo y cariño preparamos año con año. No puedo tampoco olvidarme de nuestros músicos que ponen todo su talento y ganas tanto en el cante como en la música para permitir que el proyecto tome forma.

Finalmente quiero dar las gracias a todos los que permitieron que con La Vendedora de Fósforos, los abuelitos del Hogar de Tirrases tuvieran una Navidad diferente. En el perfil de facebook  Naty ha colocado un pequeño video que resume nuestra visita al hogar y la entrega de los regalos. Aunque no todos fueron  a la visita, los que fuimos agradecimos las sonrisas, las muestras de cariño y la posibilidad que esos abuelos nos brindaron de redescubrir el significado de la Navidad. También pueden ver fotos en este álbum.

De esta manera tan satisfactoria cerramos este 2010. Muy feliz fin de año y que el 2011 sea tan hermoso e interesante como este 2010. Gracias a todas las personas que de una u otra forma colaboraron con nuestro proyecto y esperamos sorprenderlas de nuevo en el año que está por llegar, cuando estaremos celebrando (los más viejitos) 20 años de Al Andalus.
Les dejo con una crítica sobre La Vendedora de Fósforos, escrita por el actor y periodista Rodolfo González Ulloa:


Cuando el cuerpo canta

En psicología se dice que cuando la voz calla, el cuerpo habla. En la danza, el cuerpo ya no sólo  habla sino que canta en una partitura de movimientos, gestos y ritmos, las narrativas, afirmaciones y sentimientos que coreógrafas  y bailarinas (coreógrafos y bailarines) trabajan artísticamente en un espectáculo.

Cuando la historia es intensa, y el trabajo en escena es honesto, desde la butaca uno percibe que en  las tablas el cuerpo  de quienes danzan  grita los silencios, es decir, aquello que el personaje de la historia no diría expresamente, pero que vive en su interior.

Eso es lo que yo percibí en el espectáculo “La  Vendedora de Fósforos”, del grupo Al Andalus, particularmente en el trabajo de Natalia Rodríguez, quien interpretó el papel protagónico en esta adaptación de un cuento de Hans Christian Andersen, publicado en 1845, según notas del programa.

Cuenta la historia de una niña, vendedora ambulante de fósforos, que para no morir de frío, la noche de Navidad, consume lentamente toda la mercadería, hasta que muere congelada. Así de crudo.  Así de crítico. Aquí no hay nieve…pero mucha gente muere de otro tipo de frío en Navidad.

El montaje partió de una idea bastante retadora: llevar este  cuento navideño, de origen danés, al lenguaje del baile flamenco, en concreto a fandangos, bulerías, bambera, farruca, tangos, alegrías, soleá y sevillanas.

Al Andalus eligió este relato porque para ellos  “reúne muchos de los sentimientos y sensaciones para las cuales este arte es un vehículo ideal”.

A mi me gustó porque  el espectáculo  supo dosificar las emociones de un relato que, si bien es  profundamente trágico, utilizó  ritmos, escenas y  matices que, en medio de ese drama, puso pequeñas dosis de esperanza, alegría, aunque  efímeras como un fósforo que se quema. Esto hizo que el mensaje llegara, sin saturar a la audiencia.

También  porque hubo un balance adecuado entre los textos de las canciones y lo que cuenta la coreografía. Me dio la impresión de que el gesto y el texto no redundaban, sino que se complementaban, es decir, no era indispensable escuchar la letra para entender el relato, pero tampoco sobraba el texto.

Rescato particularmente el delicado trabajo de dirección de Rocío González, para saber combinar las fortalezas de sus bailarinas, de distintos niveles en su etapa de formación, disimulando sus carencias con efectividad y explotando al máximo sus virtudes.

Dos momentos me conmovieron profundamente. La escenificación del fuego como danza, y la relación de la vendedora de fósforos con las llamas. Y por supuesto, la escena final, el careo con la muerte y el abrazo entre la niña y el espíritu de la madre.

En síntesis, un trabajo de gran honestidad, disciplina y calidad que genera expectativas muy altas para el siguiente proyecto de la agrupación.

A cinco días!!

Por Rocío

Como si fuera la primera vez, para mi cada puesta en escena representa trabajar hasta lograr el último detalle y a cinco días de La Vendedora de Fósforos, repaso mentalmente a todas horas del día, la lista de las cosas pendientes para asegurarme que voy concluyendo actividades y que mi lista quedará en cero dentro de dos días. Lo mismo pasa también por la mente de mis bailaoras que ajustan y ajustan los detalles coreográficos, aunque como siempre algunas cosillas de vestuario se les pasan por alto.

Los músicos son usualmente más tranquilos que nosotras, no sé si por pertenecer al sexo masculino o porque tienen menos detalles en la cabeza. La frase inmortal de Felipe (director musical) es: Rocío tranquila todo va a salir bien! Sobre todo porque en estas  últimas semanas siguen saliendo detalles pendientes que mi personalidad no me permite de ninguna manera pasar por alto.

Felipe está con Al Andalus desde hace 5 años si la memoria no me falla, y aunque es una persona un poco callada (creo que son demasiadas mujeres hablando al mismo tiempo), se ha ido ganando el cariño de todas. Siempre pone empeño por hacer bien su trabajo y por dar el matiz necesario a las piezas para darle vida al espectáculo. Ahora que escribo sobre él, reflexiono en cuando le anotaba en las hojas: necesito aquí una introducción larga de guitarra. El me preguntaba cuánto de larga y mi respuesta: 2 a 3 minutos. El sólo sonreía y me levantaba una ceja, pero sin decir nada, se iba a componer la ‘‘introducción‘‘. A veces me da pesar sus gestos evidentes de dolor de espalda luego de un ensayo de 3 a 4 horas en una mañana o una tarde. Pero le agradezco infinitamente su preocupación por los detalles, porque sabe lo importantes que son para mí.

Jose y Juan son los cantaores del grupo. Jose está conmigo desde hace 19 años y es el amor de mi vida. Las chicas molestan a veces y dicen que somos el papá flamenco y la mamá flamenca, y aunque lo dicen con gracia, después de tanto tiempo de compartir con ellas, en realidad son como mi familia. Jose y Juan aprendieron a cantar desde pequeños, su padre es un cantaor sevillano, y ellos de tanto escucharlo y acompañarlo a la guitarra, fueron migrando poco a poco de los tangos flamencos y las sevillanas, a cantes más jondos. Jose me aguanta los inventos aunque no siempre hace buena cara, porque a veces lo que pido resulta vocalmente imposible, pero trata de ajustarlo de la mejor manera. Juan se rasca la cabeza e intenta meter el tirititrán ‘‘atravesado‘‘ que se me ocurrió hacer, o la letra de tiento a la que le añadí un verso más porque no quería mutilar un paso que me gustaba mucho.

David (percusión) es primo de Melissa (flauta traversa) y también nos acompaña casi desde nuestros primeros pasos como grupo. Tiene una personalidad fuerte y de vez en cuando se enoja cuando hay mucho desorden o siente que las cosas no van saliendo. Para La Vendedora de Fósforos, hay secciones de baile que sólo van acompañadas de percusión con la idea de aumentar la intensidad del zapateado y aunque el acople para las que bailan ha tenido un poco de dificultad, el resultado visual y auditivo es muy interesante. Entre David, Felipe y Priscilla (teclado), se dieron a la tarea de revisar los zapateados para trasladarlos musicalmente al cajón flamenco de David y creo que en la puesta en escena este trabajo dará sus frutos.

Tela (violín), Melissa (flauta traversa) y Priscilla (teclados), completan el cuadro de los músicos, agregando colores puntuales y matices distintos a las piezas para aumentar sus textura y enriquecer los sonidos. En este espectáculo en particular me agrada mucho el aporte del violín porque su voz melancólica contribuye a crear la atmósfera apropiada para el desarrollo de las escenas del cuento.

Aunque no pertenecen al grupo de los músicos, Sylvia (teatro), Naty (baile, profesora), Ali (baile, profesora), Silvi (baile, profesora), completan el equipo de trabajo detrás del espectáculo. Muchas horas adicionales de un millón de cosas por hacer y muchas ganas de trabajar bien, al ciento por ciento. A pesar de las locuras que se me ocurren a veces!! Así que a cinco días, ahorita está Naty vendiendo entradas, gestionando las notas de prensa y el diseño gráfico con Carlitos, nuestro diseñador que siempre nos diseña afiches y programas hermosos!; Ali en el mercado central buscando detalles para el cabello que hacen falta; Silvi en ensayos extra con su grupo para asegurar que todo salga bien; y Sylvia terminando el diseño de las luces.

Cuenta regresiva para La Vendedora de Fósforos y todo el equipo Al Andalus listo!

De todo corazón deseo que disfruten mucho de este espectáculo!

El cuento de La Vendedora de Fósforos -a semana y media!

El cuento de Hans Christian Andersen, adaptado por Rocío.

Era el día de Nochebuena y una muchacha se despertó en la calle con hambre y frío. Un día más en que tenía que salir a ganarse el sustento vendiendo fósforos.

En el mercado, todos se veían muy alegres en medio del ajetreo de las fiestas, haciendo las compras para preparar los últimos detalles de la cena. En cambio para ella el día no era tan alegre: nadie le compraba fósforos siquiera por caridad. Con resignación y a medida que las calles iban quedando vacías, se sienta en una esquina de la pared para protegerse del frío y decide calentarse con los fósforos de su canasto. Enciende el primero y la llama piadosa la trasporta como en un sueño a la fiesta de Nochebuena en una casa de la ciudad. ¡Qué luz tan hermosa! ¡Cuánta gente! ¡Cuánta alegría! Había comida y regalos por todas partes…. La visión era muy hermosa y cuando estaba a punto de entrar a la casa para poder calentarse y comer… el fósforo se apaga dejándola de nuevo en la oscuridad.

Entonces decide encender un nuevo fósforo. La llama naranja la transporta de nuevo a un lugar m aravilloso, donde la calidez y el cariño podían sentirse a flor de piel. La vendedora de fósforos casi no daba crédito a lo que veían sus ojos: su mamá que hacía ya varios años que había partido al cielo, está allí frente a ella, tan
hermosa como la recordaba. Por un momento se olvida de su condición en la calle y sólo puede concentrarse en esa visión tan real que tiene frente a sí. ¿Cómo puede ser posible? Entonces decide levantarse para ir al encuentro de su madre y cuando estaba a punto de abrazarla…la llama del fósforo se apaga y la deja de nuevamente a oscuras.

Desesperada busca su canasto y con dificultad, porque tiembla de frío, toma los fósforos para encenderlos. Ya están humedecidos y no logra encenderlos. Los frota fuertemente y enciende uno, dos, tres… pero las llamitas no son suficientes para hacerla entrar en calor y no logra recuperar la visión de su madre. La intensidad del frío aumenta y a medida que pierde la conciencia aparecen ante sus ojos seres de luz que vienen por ella. Aunque la muerte se acerca, la vendedora de fósforos finalmente se siente tranquila, su angustia y su dolor desaparecen, y su madre, que tanta falta le hace, llega por ella para llevarla hasta el cielo, donde no tendrá más frío, ni más hambre, ni más dolor.
Cuando llegó el día de Navidad, allí en una esquina de la calle, estaba la vendedora de fósforos acurrucada con una sonrisa en los labios y a su lado un canasto lleno de cerillas que habían ardido por completo.

-¡Ha querido calentarse la pobrecita!- dijo alguien.

Pero nadie supo nunca las hermosas cosas que había visto, ni en medio de qué resplandor había entrado con su madre en el reino de los cielos.

A tres semanas (dos y media ya!)

Por Rocío

Los cuentos son ventanas mágicas que aparecen en lo cotidiano para refrescar el espíritu. Cuando alguien tiene la delicadeza de sacar tiempo para sentarse con dulzura y contarle un cuento a un niño, le da una muestra de amor que atesorará para toda la vida y le permitirá soñar y crear personajes fantásticos en un mundo paralelo donde elaborará al detalle hasta el color del sombrero del protagonista de la historia.

Mis abuelos Lela y Lelo, tuvieron ese detalle para mí. Me contaron muchos muchos cuentos como sólo los abuelos pueden contarlos y todavía de mayor, de vez en cuando le he pedido a mi Lelo que por favor me cuente una historia sin importar el número de veces que durante mi vida la he escuchado. Aunque no recuerdo particularmente que me contara el cuento de
LA VENDEDORA DE FÓSFOROS, sí tengo en la memoria dos de mis favoritos, escritos también por Hans Christian Andersen en 1835 y 1837, son la Princesa y el Guisante, y El Traje nuevo del Emperador. Este último me causaba mucha risa y mientras escribo, mentalmente me traslado al momento en que mis hermanos y yo nos arrebujábamos entre las cobijas pegaditos a nuestro Lelo con el cuarto ya a oscuras, para escuchar atentamente el cuento antes de dormir.

Estar trabajando con LA VENDEDORA DE FÒSFOROS de manera inevitable me recuerda a mi abuelo constantemente y me siento afortunada de la posibilidad casi mágica de llevar hasta el espectador mi visión personal de este cuento, la cual se enriquece día con día con los nuevos aportes tanto propios como de algunos de los miembros de Al Andalus. Pero si bien en la construcción de la puesta en escena el baile, la música, las luces son importantes, para que las sensaciones del cuento se magnifiquen pero sin perder la estética, es indispensable vestir la historia.

El diseño de los trajes es complejo pero es una de las tareas que más disfruto y de vez en cuando me río sola al pensar en el empeño de mi abuela por enseñarme a coser a máquina y en mi negación a esa tarea particular cuando a mis 10 u once años, me parecía algo extremadamente difícil y aburrido. Sin embargo, debo admitir que me hubiera gustado aprender, pero como no sé ni cómo enhebrar el hilo en la máquina para ponerla a trabajar, hay una persona encargada de esta ardua tarea.

Nuestra vestuarista se llama Annia Amador y es una mujer admirable, que en un diminuto taller de costura produce y produce faldas, vestidos, vuelos, delantales y camisas, desde el mes de julio sin parar. Aunque fue hace poco (unos 3 años) que se integró a la familia Al Andalus y se puso por primera vez en contacto con el flamenco, y a pesar de que ella lo niegue, se enamoró perdidamente de él, sobre todo por la libertad para plasmar su visión personal sobre
este arte en los trajes de las bailaoras.

Juntas las dos (Annia y yo), hacemos un buen equipo de diseño. Adoro buscar telas, imaginar con trocitos de colores en las manos cómo quedarán finalmente los vestidos, hacer pruebas (yo soy su conejillo de indias) y crear los detalles finales para que la estética sea perfecta. Es un trabajo difícil porque a veces las bailaoras no tienen visión del espectáculo y no logran
dimensionar una pieza de vestuario dentro del contexto del cuento. Entonces toca hacerse oídos sordos a algunas críticas de colores o diseños y aguantarse unas cuantas malas caras. A veces se resiente un poquito porque hace su trabajo con mucho cariño, pero yo le subo los ánimos porque sé que al final todos quedarán muy satisfechos con su labor.

Para LA VENDEDORA DE FÓSFOROS se crearon 7 cambios de vestuario, combinando los colores para tratar de emular los estados de ánimo de la protagonista de la historia y para caracterizar a los personajes de tal manera que, sin salirnos del vestuario tradicional flamenco (dado que las fusiones y yo no nos llevamos bien), el espectador pueda identificarlos apropiadamente y dar seguimiento a una historia de Navidad poco conocida.

Ayer en su taller Annia rehacía pretinas, ajustaba pinzas, agregaba vuelos y se proponía hacer la prueba para el vestuario de El Fuego, que es ya el último traje que tiene que coser para esta temporada. Su dedicación y su preocupación porque todo salga bien se terminan con las ganas de ver acabado su trabajo y de tener en su mano las entradas para finalmente disfrutar desde la butaca del teatro.

Así se afinan los detalles para el 12 de Diciembre, ya el cuento de LA VENDEDORA DE FÓSFOROS está hermosamente vestido y poco a poco como piezas de un rompecabezas se va armando la visión general del cuento. Ese ambiente fuera de la realidad, casi intangible, tan mágico, que con gusto Al Andalus contará a todos aquellos a quienes les guste muchísimo que alguien les cuente un cuento.