Arrullo a la esperanza

Estos meses han sido difíciles. No guardo mis zapatos en el armario porque sé que no debo, porque he aprendido que en los momentos en los que siento que no puedo más, siempre está el flamenco. Sin embargo, no recuerdo en estos casi 30 años de AlÁndalus, haber vivido tanta incertidumbre y tanto dolor compartido por un futuro país a corto y mediano plazo que aún no visualizo.  Sin embargo, las personas que han construido conmigo este camino son mis recordatorios constantes de por qué es un deber arrullar la esperanza.  

No hace más de dos días, en una conversación a punta de mensajes de audio en el teléfono, me queda grabada una frase: “La mujer flamenca se construye” y en el análisis de esa construcción, con la experiencia de años acumulada, puedo citar adjetivos que dan el “poderío” necesario (como dirían los flamencos), que resultan en que  alguien se considere capaz de alcanzar inalcanzables, pero al mismo tiempo se abraza con esa ternura “jonda” donde se reconoce y se sostiene para seguir. Esas son mis mujeres flamencas, las que habitan la Casa AlÁndalus.

Es precisamente por cada una de ellas que arrullo la esperanza con una nana flamenca con la voz en un hilo de susurros, pero la arrullo. Hay que seguir bailando, para bailar con y por la vida, para seguir soñando y confiando en que si somos solidarios y trabajamos mano a mano, cada quien desde donde pueda, vamos a salir adelante.

Por: Rocío González Urrutia. Directora Al Ándalus Flamenco.

Abrazar la fuerza y la resistencia

La fuerza, es la capacidad física básica para realizar un trabajo o un movimiento. Levantarse con fuerza, se resume entonces en utilizar esa capacidad sobre nosotros mismos.

En esta cuarentena a muchos nos ha tocado agarrar toda la fuerza que nos queda para levantarnos, y aunque en ocasiones parece que se nos acaba,   por suerte también existe la resistencia. 

La resistencia es otra capacidad física básica. Me atrevería a decir que emocional y mentalmente es la que nos permite llevar a cabo una actividad o esfuerzo durante el mayor tiempo posible. Cuando «se nos acaba» la fuerza, aún contamos con la resistencia.

Desde mi punto de vista, resistir no es solamente aguantar en el sentido usual de esperar a que algo pase o suceda. Más bien, resistir es continuar, es inhalar lo más profundo que se pueda para tomar el impulso necesario que nos permita seguir en movimiento.

Ya sé que es utópico y difícil, podría incluso resultar muy optimista, pero es un ejercicio que nos permite mantenernos enfocados, mentalmente lo más estable posibles y no nos impide desechar la esperanza de un tiempo mejor.

Este tiempo confuso, triste, gris e impredecible que nos tocó vivir, nos ofrece la increíble oportunidad de usar estas capacidades físicas a nuestro favor y descubrir el ser humano vulnerable pero valiente que hay dentro de nosotros. Ese que se catapulta para perseguir los sueños, el que resiste haciendo las cosas que ama y le apasionan, aquel que aprovecha la fuerza que le queda en la búsqueda de nuevas posibilidades para recargarse.

A mí me ha costado mucho esta cuarentena que parece como en pausa, pero recito como un mantra en mi cabeza la frase de «quien persevera alcanza» y me calzo los zapatos de flamenco para continuar zapateando, haciendo floreos en el aire, imaginando coregrafías y meditando mientras sueño que bailo y mientras bailo soñando. Así también, abrazo con el empeño que le pongo a mi trabajo, la fuerza y la resistencia de quienes se han mantenido firmes y continúan con sus zapatos calzados. Se vale descansar, pero no se vale rendirse.

Por: Alicia González Urrutia

Crónicas de una virtualización obligatoria

Las ocultábamos o disimulábamos con intención para que fueran desadvertidas, teníamos incertidumbres solapadas. Lográbamos estar menos pendientes de ellas gracias a nuestras pasiones, a través de amigos, familiares… De pronto nos limitan, algo ajeno nos arrebata libertades y empezamos a perder el control de la situación. Estamos en casa intentando trabajar, estamos con nuestros pensamientos, con nuestras incertidumbres. Esas incertidumbres ya estaban ahí, pero ahora solo se acrecientan y nos vemos con pocos estímulos externos para obviarlas. Nos toca enfrentarlas…

Cambiaron las circunstancias, viene la evolución, debemos adaptarnos al cambio. Somos seres en constante crecimiento y debemos ser resilientes. Algo que la vida me ha enseñado en los últimos meses es que no podemos tener control sobre lo que sucede, pero sí tenemos control sobre cómo actuamos. Nos vemos obligados a adecuar nuestro estilo de vida del exterior al interior de nuestros hogares, y para lograrlo viene intrínseca una virtualización casi obligatoria del diario vivir. Una virtualización de nuestra pasión por el flamenco, nuestras actividades sociales, los estudios y el trabajo.

El trabajo, ahora desde casa y además virtualizado, presenta limitantes tecnológicas y educativas, necesitamos democratizar la tecnología. No todos los ciudadanos tienen acceso a una computadora o a un dispositivo móvil y otros que sí cuentan con las facilidades materiales no saben cómo utilizarlas efectivamente para trabajar o resolver trámites en línea. 

La democratización de la tecnología consiste en volver accesible la tecnología a un gran número de personas, encontrar formas de reorientar la rutina diaria hacia una conceptualización de aplicaciones web y aplicaciones móviles, y desarrollar políticas que puedan fomentar las nuevas formas de innovación. De primera entrada, la virtualización puede hacernos creer que se está transgrediendo nuestra cotidianidad, pero poco a poco vamos a ir descubriendo, a través de los ecosistemas virtuales, nuevas sensaciones, nuevas formas de interactuar y hacer lo que nos gusta. 

Acá es donde debemos detenernos para apreciar los beneficios de la crisis sanitaria que vivimos. Podemos valernos de la situación para desarrollar colectivamente una visión innovadora hacia el cambio tecnológico, darnos paso a la digitalización y cambiar la dirección de los modelos tradicionales. Claro, la reestructuración del modelo laboral ya se venía dando, de forma paulatina, pero cada vez son más las empresas o instituciones que se dan la oportunidad del teletrabajo y la digitalización.

Me gusta pensar que vamos en la dirección correcta hacia la virtualización y muchas empresas e instituciones se están dando cuenta que el teletrabajo es posible. La crisis nos obliga a innovar.

Tenemos que colectivamente atrevernos a abrazar los cambios, apoyando a los que no cuentan con las facilidades para adaptarse. Y desde Casa Al Ándalus ese proceso exploratorio ha sido notable, la virtualización se ha dado y agradezco el esfuerzo. Casa Al Ándalus está logrando virtualizar nuestras pasiones mientras se dan paso a la virtualización de su trabajo. Cambiaron las circunstancias debemos adaptarnos a nuevos hábitos, utilizar la tecnología como medio para reencontrarnos con nuestras pasiones y seres queridos. Recordemos que es una situación excepcional, pasajera y atípica que sin duda nos va a ayudar a reinventarnos.

Por: Mariana Rodríguez Arce, Bailaora Al Ándalus Flamenco

«Darle vuelta a la tortilla»

“Ocuparse en cualquier actividad física o intelectual…Tener una ocupación remunerada…Ejercer determinada profesión u oficio…Intentar conseguir algo, generalmente con esfuerzo” (DRAE)

Este mundo tal cual está construido descansa en la premisa del trabajo remunerado. Es decir, todo se mueve al trabajar y recibir un pago por ello. Así que es necesario reflexionar sobre otras posibilidades. El trabajo no es una mercancía. Trabajar debe sumar a la esencia de cada persona y construir desde ahí otro mundo posible. 

En este momento particular, hay un factor en la ecuación. El confinamiento exigido para preservar nuestra vida y la de las otras personas ¿Cómo entonces resignificar el trabajo y no caer en lo negativo de la situación? Miles de personas desempleadas o con reducción de jornada. Para muchos otros, horas y horas de teletrabajo sin movimiento. Video llamadas que aletargan el cuerpo y a veces el ánimo. ¿Cómo atrevernos a soñar que desde cuatro paredes podemos salir con una visión más espiritual del trabajo? Pues ahí, está el truco. 

Fotografía: Adrián Guevara Ruiz

Si pensamos en la acción de trabajar como “ocuparse en algo”, “intentar algo con esfuerzo”, entonces vamos por buen camino. Podemos repensar el trabajo como una acción transformadora. Trabajar implica movernos, inventar, crear, producir y resolver. Por ejemplo, piense en esa persona que perdió su empleo y salió a ofrecer su talento al mundo de forma creativa. Observe a ese familiar que se la juega en cada charco que la vida le pone aún cuando prefiera al mar que a un lago artificial. Descanse sus ojos en esa-ese profe que invirtió horas para aprender a que la pieza le sonara en las clases de baile. Preste atención a esa mujer que se aflige por su jornada reducida; sin embargo, levanta la cabeza y mira posibilidades de moverse hacia algo mejor.

Además, el trabajo pasa por ensayar ese paso una y otra vez, en el caso de quienes practicamos una danza. Por eso, mapeemos a cuanta persona veamos en estos días trabajando y busquemos por el esfuerzo en sus acciones. Busquemos esfuerzos individuales y colectivos.  Como ejemplo, nuestra academia Al Andalus. Durante el confinamiento, ha constituido un espacio de apoyo invaluable. Al principio nadie sabía como iba a funcionar, pero fue fluyendo. Se nutrió de retroalimentación; de prueba y error. Cada semana las clases virtuales constituyen un trabajo. Why not try to use the best crossbow for hunting? Toma tiempo, se invierte energía y se intenta. La clave está en la valentía y el agradecimiento mutuo. Se enseña y se aprende y al hacerlo se trabaja en colectivo construyendo un espacio saludable en medio de la crisis. 

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Fotografía: Adrián Guevara Ruiz

Si bien en este contexto adverso, ocurren constantes injusticias de quienes aprovechan para lucrar y desvalorizar el trabajo de muchas personas, es válido “darle vuelta a la tortilla”. Son tiempos donde nuestro trabajo también consiste en esforzarnos por respirar profundo y dar lo mejor para otros y para nosotros mismos. Son tiempos de agradecer por nuestro trabajo y reinventarlo cada día, tanto con sus días de bonanza como de sequía. 

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Aprendamos durante esta crisis a repensar al trabajo como un derecho, pero también como un trampolín. Que se nutra no solo de lo que sabemos hacer, sino de lo que somos, de lo que aspiramos a ser. Que cada día sea nuestra fuerza interior quien lo impulse. Y compartamos con otras personas nuestro descubrimiento. 

Por: Paola Badilla Vargas, Bailaora Al Ándalus Flamenco

Autocuidado en tiempos de cuarentena

Mirando los chats de los grupos de trabajo de Casa AlAndalus, pensé que escribir un poco sobre el autocuidado en tiempos de cuarentena era una buena idea. Los medios se enfocan mucho en lo que está pasando no sólo en el país, sino alrededor del mundo; además de dar indicaciones necesarias de todo lo que cada uno debe hacer para evitar el contagio. Sin embargo, nos falta pensar en cómo se siente cada uno, cómo es eso de vivir en cuarentena y cómo visualiza/siente cada quién lo que está pasando. Por eso conversé con Mariangel para que nos echara una mano y juntas les anotamos nuestras reflexiones.

Lo primero que debemos hacer es aceptar lo que sentimos, no importa lo que sea: desesperanza, culpabilidad por salir a la calle, incertidumbre por una situación desconocida… Todo vale, son reacciones que quizás no hemos experimentado antes y es esperable frente a una situación no cotidiana. Luego, así como aceptamos nuestro propio sentir, debemos recordar que todos reaccionamos diferente porque cada quién libra su propia batalla, por lo que el segundo paso es ser empático con los otros. Finalmente, valorar qué puedo hacer al respecto de la situación que estamos viviendo. No deben ser cosas muy complicadas, se debe partir de lo más sencillo. Por ejemplo, si se está abrumado mejor no leer noticias, si se experimenta mucho miedo por los míos más vulnerables, llamarles un rato cada día y conversar con ellos. Finalmente, estar en casa para unos puede ser oportunidad, mientras para otros muy aburrido, difícil, hasta doloroso; hay muchos escenarios. Por esa razón, nos hemos tomado un rato para compartir con ustedes algunas ideas.

  1. Reconocer. Esto que sucede es algo que no tiene precedentes y tal como anotamos antes, toca solamente aceptar nuestras reacciones. Entender que todos estamos pasando por momentos difíciles y que cada uno lidia con la situación con las herramientas que tiene.
  2. Actuar. ¿Qué puedo hacer frente a lo que siento? Suena sencillo, pero es una tarea compleja: Controlar lo que sí puedo y soltar lo que no depende de mí. Casi que esta frase deberíamos anotarla para repetirla como un mantra.
  3. Estar en casa. Toca, lo queramos o no. Para unos será muy agradable, para otros no. Esto va a pasar, no es para siempre. Para el que lo disfruta, pues que le rinda y para el que no…¡Va a pasar! Y, mientras tanto repetimos el mantra y se hace en casa aquello que nos ayude a sentirnos mejor (por ejemplo bailar). Tampoco juzgar a quienes no pueden quedarse, para algunos no es opción, para quienes sí pueden, es una responsabilidad.
  4. Dar oportunidad a las propuestas. Esto es muy importante. Puede ser que uno crea que no le va a gustar hacer algo, pero nada pierde intentándolo. En las redes se han esforzado mucho en darnos ideas de qué hacer en casa, desde cocinar, recomendaciones de películas, conciertos, clases. Probemos, ¡no hay nada que perder! Nosotros en esta Casa hicimos una propuesta y nos estamos esforzando en ella, esperando que aunque no podamos hacer las clases “normales”, estando físicamente reunidas, todas podamos disfrutar el rato de una manera diferente.
  5. Normas de convivencia. Hay algunos puntos que no se deben olvidar y son súper importantes para este tiempo. Es necesario hacerse una rutina, evitar el “síndrome del pijama”, comer por aburrimiento o ansiedad, dormir a deshoras, trabajar a deshoras…Esto no hace bien a nadie, sólo aumenta el caos. En lo posible organicemos una rutina y tratemos de cumplirla. Podemos negociar algunas cosas si estamos con otros en casa, como por ejemplo tiempos de silencio o actividades más tranquilas para los chicos, para que los papás y mamás que estén haciendo trabajo remoto puedan concentrarse mejor. Sin embargo, hay que ser muy tolerante con uno mismo y con los demás porque no podemos esperar cumplir los mismos estándares que teníamos fuera de la cuarentena. No olvidemos el orden y la limpieza, hacen que el “nido” se perciba más acogedor y mejore el ánimo. Todos deben colaborar.
  6. Aprovechar la tecnología. Toca agradecer la posibilidad de la tecnología que nos acerca en este tiempo de cuarentena a nuestros seres queridos, amigos y familia; que nos ofrece la posibilidad de leer, hacer ejercicio, entretenernos con una película o con videos interesantes. No estamos solos. La tecnología nos permite una compañía diferente que debemos aceptar en esta situación inesperada que nos tocó vivir.
  7. Redes de solidaridad. Si Ud. es uno de los afortunados que tiene la posibilidad de trabajar desde la casa, cuide a aquellos que deben salir y no los exponga más de lo necesario. Y, para todos los que conservan su trabajo (dentro o fuera del hogar), agradezcan mucho su privilegio y sean solidarios con aquellos que por distintos motivos lo perdieron. Comparta la publicidad que se anota en redes y obtenga productos o servicios de esos más pequeños que son más vulnerables ante esta situación inesperada. Nosotros en Casa Al Andalus hicimos un álbum que titulamos Red de Solidaridad, puede compartirlo y si puede compre.

Por favor, por favor, por favor, quiérase mucho, “no se dé con el palo” (como dice Syl nuestra profe de teatro, and this is the best kayak for fishing). Quererse implica cuidarse y es algo que sí puede hacer. Repita el mantra que le proponemos: “Controlar lo que sí puedo y soltar lo que no depende de mí”. Bailar mucho. Aprender cosas diferentes (a lo mejor hace descubrimientos…).

“Con el flamenco aprendí que no siempre el negro significa estar de luto, que las penas más hondas pueden bailarse y cantarse y que a los momentos difíciles se les puede poner el pecho abierto y la cara con la barbilla en alto”.

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Por: Mariangel Vindas Máster en Terapia Breve Estratégica. Bach. Sicología Bailaora Al Andalus y Rocío González, Directora al Andalus, Máster en Educación para la Salud y Nutricionista.

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Mariangel Vindas
Rocío González