“Ocuparse en cualquier actividad física o intelectual…Tener una ocupación remunerada…Ejercer determinada profesión u oficio…Intentar conseguir algo, generalmente con esfuerzo” (DRAE)

Este mundo tal cual está construido descansa en la premisa del trabajo remunerado. Es decir, todo se mueve al trabajar y recibir un pago por ello. Así que es necesario reflexionar sobre otras posibilidades. El trabajo no es una mercancía. Trabajar debe sumar a la esencia de cada persona y construir desde ahí otro mundo posible. 

En este momento particular, hay un factor en la ecuación. El confinamiento exigido para preservar nuestra vida y la de las otras personas ¿Cómo entonces resignificar el trabajo y no caer en lo negativo de la situación? Miles de personas desempleadas o con reducción de jornada. Para muchos otros, horas y horas de teletrabajo sin movimiento. Video llamadas que aletargan el cuerpo y a veces el ánimo. ¿Cómo atrevernos a soñar que desde cuatro paredes podemos salir con una visión más espiritual del trabajo? Pues ahí, está el truco. 

Fotografía: Adrián Guevara Ruiz

Si pensamos en la acción de trabajar como “ocuparse en algo”, “intentar algo con esfuerzo”, entonces vamos por buen camino. Podemos repensar el trabajo como una acción transformadora. Trabajar implica movernos, inventar, crear, producir y resolver. Por ejemplo, piense en esa persona que perdió su empleo y salió a ofrecer su talento al mundo de forma creativa. Observe a ese familiar que se la juega en cada charco que la vida le pone aún cuando prefiera al mar que a un lago artificial. Descanse sus ojos en esa-ese profe que invirtió horas para aprender a que la pieza le sonara en las clases de baile. Preste atención a esa mujer que se aflige por su jornada reducida; sin embargo, levanta la cabeza y mira posibilidades de moverse hacia algo mejor.

Además, el trabajo pasa por ensayar ese paso una y otra vez, en el caso de quienes practicamos una danza. Por eso, mapeemos a cuanta persona veamos en estos días trabajando y busquemos por el esfuerzo en sus acciones. Busquemos esfuerzos individuales y colectivos.  Como ejemplo, nuestra academia Al Andalus. Durante el confinamiento, ha constituido un espacio de apoyo invaluable. Al principio nadie sabía como iba a funcionar, pero fue fluyendo. Se nutrió de retroalimentación; de prueba y error. Cada semana las clases virtuales constituyen un trabajo. Toma tiempo, se invierte energía y se intenta. La clave está en la valentía y el agradecimiento mutuo. Se enseña y se aprende y al hacerlo se trabaja en colectivo construyendo un espacio saludable en medio de la crisis. 

Fotografía: Adrián Guevara Ruiz

Si bien en este contexto adverso, ocurren constantes injusticias de quienes aprovechan para lucrar y desvalorizar el trabajo de muchas personas, es válido “darle vuelta a la tortilla”. Son tiempos donde nuestro trabajo también consiste en esforzarnos por respirar profundo y dar lo mejor para otros y para nosotros mismos. Son tiempos de agradecer por nuestro trabajo y reinventarlo cada día, tanto con sus días de bonanza como de sequía. 

Aprendamos durante esta crisis a repensar al trabajo como un derecho, pero también como un trampolín. Que se nutra no solo de lo que sabemos hacer, sino de lo que somos, de lo que aspiramos a ser. Que cada día sea nuestra fuerza interior quien lo impulse. Y compartamos con otras personas nuestro descubrimiento. 

Por: Paola Badilla Vargas, Bailaora Al Ándalus Flamenco