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Marzo flamenco!

Este mes de marzo ha estado muy movido en cuanto a presentaciones.

Empezamos el pasado fin de semana con una «Fiesta flamenca» en el marco de un hermoso festival de verano que organiza anualmente el Ministerio de Cultura y Juventud: Veranos en el CENAC.

Se realiza en el Centro Nacional de la Cultura, antigua Fábrica Nacional de Licores. Este espacio es usado como sede del Ministerio de Cultura y además cuenta con dos teatros, una galería, un museo y un anfiteatro. En este último espacio fue que tuvimos nuestra presentación, en la cual participaron 30 chicas de varios niveles de la academia.

El público estuvo formidable. Llegaron unas 500 personas y se mantuvieron atentas y respetuosas durante la hora que duró el espectáculo. Bailamos tangos, rumbas, alegrías, guajiras, colombianas, fandangos y bulerías. Disfrutamos muchísimo la presentación, sobre todo porque no son muchos los espacios para presentarse de manera gratuita ante un público tan familiar y un ambiente tan sano. Gracias al Ministerio de Cultura por mantener siempre este y otros espacios culturales tan necesarios en nuestra capital.

Ahora seguimos con otras presentaciones por delante. El próximo jueves nos iremos hasta el hermoso cantón de Turrialba, donde se está realizando el Festival Nacional de las Artes. Allá llevaremos nuestro espectáculo Contigo Andalucía, que estrenamos hace un año y medio en el Teatro Nacional. Iremos 9 bailaoras y 5 músicos. El público allá es muy cálido así que tenemos muchas ganas de ir. Ojalá disfruten el espectáculo.

El siguiente sábado estaremos en la otra sede del Festival, Siquirres. Ahí nos presentaremos en la clausura del Festival por parte del Centro Cultural de España, que siempre tiene una «carpa» con una programación propia. Iremos 4 bailaoras y tres músicos a presentar un extracto de Contigo Andalucía.

El cierre de lujo para este mes será ni más ni menos que interpretando El Bolero de Ravel junto a la Orquesta Sinfónica Nacional en una de las actividades de inauguración del nuevo Estadio Nacional. Estamos muy contentas y emocionadas con esta presentación. Participaremos en un bloque de música española y cerraremos la noche. Estamos ensayando muchísimo para que todo salga de la mejor manera.

Abril, el mes de la danza, nos espera. Ya tenemos varias presentaciones agendadas. El verano sigue flamenco y nosotros disfrutándolo muchísimo y compartiendo esto que tanto nos gusta hacer!

Amistad

El primero de Febrero tuve un reencuentro con una amiga que hace unos cuatro o cinco años que no veía y que no había tenido noticias de ella. Se llama Jessie, una compañera de camino que recibió clases de baile español con mi mamá y luego

se integró por algún tiempo con Al Andalus. Su alegría al verme, su abrazo sincero y sus palabras, me recordaron porqué he dedicado gran parte de mi tiempo al flamenco: “Fueron los mejores años de mi vida, los llevo siempre como un hermoso
recuerdo en mi corazón», me dijo ese día.

Así empecé el mes de Febrero, en el cual se celebra por costumbre el Día de la Amistad. Quiero en este mes de celebración, recordar algunas anécdotas de quienes han estado con Al Andalus durante ya bastante tiempo. De aquellos que han dejado su huella, de los que compartieron una parte de su vida, de los que se han marchado y de quienes persisten en el esfuerzo por mantener un tono distinto para que a pesar de los años, nos sigamos sintiendo como en familia.

Empecé a dar clases de baile español, lo cual es mucho decir…, cuando tenía 13 o 14 años, durante las vacaciones largas de Diciembre a Febrero. Tenía unas 8 a 10 alumnas que llegaban puntualmente a bailar en un saloncito que daba al jardín de
mi casa. Organizaba las clases con esmero para que las chicas disfrutaran. De esa primera generación es de la que hoy quiero contar algunos detalles que recuerdo y otros que las chicas recordaron por mi.

Diana, Silvia, Jessie y Karla, son las más “viejitas”. Crecimos juntas y bailaron conmigo desde que teníamos 7 u 8 años, de la mano de mi mamá Patricia Urrutia. Estoy segura que sus recuerdos de las presentaciones son como los míos: vestidos llenos de fustanes y calzones largos para las jotas, el esfuerzo de aprender desde tan pequeñas a tocar castañuelas, los bailes con las canciones de los Churumbeles que hoy por hoy, cuando escucho algunas de las letras pienso: ¡Oh por Dios! Recuerdo las funciones a beneficio del Hogar Luz, las visitas a los hogarcitos de ancianos, la presentación en Recreo Grande, los pasteles de cumpleaños que en más de una ocasión la mamá de Diana hizo para mí…Y en esta parte del viaje recuerdo también a otras personas que nos acompañaron como Tere, Hazel, Cornelia, Rocío Ch, Lupi, que eran las mayores por esos años. De todas sólo Diana continua con Al Andalus, aunque Silvia A nos echa una mano con las luces de vez en cuando y Karla, mi hermana, siempre está ahí para maquillarnos y para hacer todas las cosas de último minuto que se necesiten.

De Naty, Manfe, Adriana, Laura M y Ana Laura, que fueron mi primer grupo de chicas “grandes”, tengo pocos recuerdos. Naty me contó lo que recordaba. Dice que la primera vez que vino a clases, no sabía ni ella ni su mamá Flory, de qué se trataba exactamente. Así que se preparó hermosa para asistir a la clase con un elegante tutú celeste de ballet, mallas y zapatillas. Cuando llegó a clases, no cabía en su propio asombro y probablemente en el de las otras compañeras que lucían hermosas faldas de lunares y zapatos de tacón. Entonces volvió a casa contándole a su mamá que necesitaba una falda igual a la de sus amigas: negra con lunares verdes. Flory buscó y buscó la tela solicitada y finalmente logró encontrar una, que aunque por su textura no era apropiada para coser una falda, cumplía con los requisitos de color solicitados por su hija. Así pues Natalia llegó muy feliz vestida para la ocasión con su falda roja de lunares negros, que aunque no tenía caída, le quedaba bastante bien. Pero para su sorpresa había cometido un pequeño error: las faldas de las compañeras eran negras
con lunares rojos, y probablemente en su mente de niña el mundo de nuevo se le vino al suelo! Hoy Naty sigue bailando y enseñando flamenco, es mi cómplice en las locuras y mi brazo derecho en toda la logística de los espectáculos.

Igual Ali, mi hermana, no sólo va y viene conmigo en el sin fin de mandados y detalles que para mi significa la enseñanza del flamenco y la preparación de los eventos, si no que se ha tomado la titánica tarea de empezar con nuevas generaciones de pulgas saltarinas de 3 años, para desarrollar en ellas con cariño, dedicación y muuuucha paciencia, el gusto por este arte que tantos y tantos momentos bonitos nos ha permitido coleccionar en Al Andalus. Ali, Caty y Ani, fueron el trío atómico. Las amigas inseparables desde siempre y quienes más de una vez me sacaron de mis casillas, porque cuando “se les metía el agua” o se “encamotaban con algo”, no había quien pudiera contra ellas. En la foto tendrán 7 años, hoy son mujeres hechas y derechas, y aunque Caty y Ani viven fuera de Costa Rica, por temporadas se han integrado a escuelas de flamenco en el exterior, nos reunimos cada vez que vienen y siguen siendo de la familia.

Sofi C y Lau, eran las dos niñas más tímidas del grupo. Recuerdo inclusive que Lau se tabapa la boca para reírse y jamás jamás podía sacarle una sonrisa mientras bailaba. Pero a medida que el tiempo pasó el flamenco y Al Andalus tuvo efecto. Sofi C junto con Nane, Ana Laura, Ali, Naty, Caty y Silvia A, son de las que se comprometían más allá de sólo bailar. En distintos momentos de la trayectoria formaron junto conmigo un equipo de trabajo. Recuerdo a Nane en mi casa, las dos descalzas para “pensar” mejor, organizando los poemas de Lorca para la función que presentamos en el II Festival Internacional de Flamenco en el Teatro Nacional en el 2003. Ana Laura organizando vestuario y escenografía. Sofía C que siempre iba un paso más delante de todos en la organización y Naty en la comunicación y la logística. Recuerdo también
a Caty ensayando a las niñas pequeñas cuando yo estaba en el hospital en espera del nacimiento de Triana (mi hija), a un mes de la muestra de fin de año. Nunca olvidaré su llamada desde el salón de ensayo y las pulguitas diciéndome por el teléfono que se estaban portando bien.

Angie llegó por primera vez cuando tenía alrededor de 4 años. La recuerdo sentadita en las gradas a un ladito del salón mirando bailar a su hermana Natalia. Se interesó tanto que le ofrecí la posibilidad de integrarse a las clases y hasta la fecha. Ahora ya esta una mujer al igual que Mariann (mi prima), Manfe (otra prima), Lina, Alejandra, Flori y no sé si por mi mala memoria alguna se me escapará en este momento. Meli llegó a mi de forma distinta, aunque no fue de la primera generación, es casi casi y se integró con todas especialmente con Angie, con quién por temporadas fue como una mancuerna.

Además al igual que Lina, en más de una ocasión ha formado parte de los músicos de Al Andalus, compartiendo con nosotros su flauta traversa.

Jose (mi esposo) y Juan (su hermano), iniciaron con nosotros la aventura de Al Andalus en 1991. Acompañados de su guitarra, cantaron todo lo que les pedí. Hoy cuando trato de recordar y repaso las letras y canciones que les solicitaba, no me queda más que decirles que los quiero mucho por aguantarme tantas locuras!!! Nos han acompañado a bailar a un sinfín de lugares, pero recuerdo dos en especial: La cárcel de mujeres y un hogar para trabajadoras de la calle en plena zona roja de San José. Fuimos a compartir un rato con estas personas a petición de amigos que organizaban diversas actividades benéficas.

En la cárcel de mujeres, aparte de ser la primera vez para todos en una cárcel y que el ambiente es un poco intimidante, era difícil subirse a un escenario, lograr el silencio al que estábamos acostumbrados y recibir “aplausos” un tanto diferentes al estar acompañados de “piropos” pasados de tono. Pero era un compromiso y allí estaba Al Andalus. Entonces deciden ambos cantar una rumba y escucho la primera letra: “Libre quiero ser, quiero ser, quiero ser libre…” ¡Casi me da algo! Lo peor es que por más “caras y ojos” que tratábamos de hacer, fue demasiado tarde cuando ambos se dieron cuenta de lo que estaban cantando.

En el hogar para trabajadoras de la calle, el ambiente era bastante similar. Recuerdo que mi papá llevaba el carro lleno chicas y al darse cuenta que estaba en plena zona roja de San José, que llevaba a cinco chiquillas maquilladas hasta decir basta, con camisilla de tirantes y que teníamos que caminar un par de cuadras hasta el lugar, sólo abrió la guantera del carro, sacó un par de pañuelos faciales y nos dijo: ¡Se limpian la cara y se tapan con el suéter! Luego cuando Jose y Juan se encuentran con nosotras en el lugar, me dicen: ¡Rocío dónde nos has metido! Pero a pesar de los sustos y reclamos, en ambos lugares la satisfacción al final nos hizo olvidar la congoja, al ver la alegría, unas cuantas lágrimas y el agradecimiento de los presentes.

Han sido muchos años de compartir con todos, Jose el amor de vida, Juan incondicional y esa primera generación de chicas que son como mis hermanas y mis hijas de la vida. Los quiero muchísimo y me siento orgullosa de sus logros
profesionales, los apoyo en sus locuras personales, me siento feliz cuándo veo cómo disfrutan la vida y me duele cuándo pasan momentos difíciles. En este año de celebración de 20 años de Al Andalus y en este mes de la Amistad, quiero darles
gracias, muchas muchas gracias,
por llenar mi vida de tantos momentos inolvidables, por estar conmigo en las buenas y en las malas, por ser mis amigos de forma sincera.

Los quiero muchísimo y sólo pido un deseo al apagar las 20 velitas del pastel: ¡Tener mucho Al Andalus para rato!

Nuestros gestores: Patricia Urrutia y Fernando Mejías

En este 2011 cumplimos 20 años, por lo que cada mes rememoraremos algunas personas y momentos importantes de nuestra historia, tanto en este blog como en la decoración de la Academia.  Aquí elprimer texto, escrito por Rocío.

Fernando Mejías y Patricia Urrutia, son indiscutiblemente los gestores del grupo Al Andalus, al heredar a sus respectivos hijos e hijas, la afición por el flamenco.

Fernando Mejías en el espectáculo "Contigo Andalucía", presentado en el año 2009 en el Teatro Nacional.

El cante flamenco es uno de los elementos que no puede faltar y que se resiente profundamente cuando está ausente en la práctica o en el escenario. Sin embargo,dada la naturaleza cultural particular de este arte, es bastante difícil encontrar cantaores en estas latitudes centroamericanas. Pero por esas rarezas del destino, Fernando Mejías llegó a Costa Rica en 1969 y aunque yo que lo conozco sé que le gusta que lo escuchen cantar, se ha dedicado más que todo a cantar por lo bajito: para su familia y para grupos de amigos cercanos quienes disfrutan de su arte, aunqueno en pocas ocasiones su voz ha llegado a auditorios más grandes, incluyendo el Teatro Nacional.

Fernando Mejías, el papá de mi esposo, nació en Sevilla en 1940. Su padre falleció cuando él tenía apenas 2 años de edad y sus abuelos maternos fueron los encargados de criarlo. Su abuelo Fernando era muy aficionado al flamenco y desde muy pequeño lo llevaba a los mejores lugares de Sevilla a ver y escuchar flamenco. Fue allí en la Alameda de Hércules, muy cerca de su barrio de niñez, que escuchó a figuras históricas como Pastora Pavón (la Niña de los Peines), Pepe Pinto, Manolo Caracol y muchos otros artistas de la Edad de Oro del flamenco.

Rodeado de este ambiente y con un abuelo que también cantaba flamenco, era casi inevitable queFernando Mejías empezara a cantar. Es un cantaor a la antigua, ortodoxo y muy estudioso de los grandes del cante. Le he escuchado cantar palos muy diversos, pero reconozco que disfruta de las siguiriyas y de los fandangos naturales, con una capacidad admirable para recordar un sinnúmero de letras.

Sus dos hijos, Jose y Juan, crecieron escuchándolo cantar, y como en un ciclo que la vida repitiera, ambos empezaron a interesarse en todo lo que tenía que ver con el flamenco. Gracias a su padre adquirieron también ese afán por el estudio del cante antiguo y por el rescate de letras poco usuales.

Casi me atrevo a decir que fue el primer cantaor en Costa Rica y diversos grupos de aficionados a lo largo del tiempo tuvieron la oportunidad de tenerlo dentro de los cuadros flamencos que presentaron.Se presentó en el año 2001 en el Teatro Nacional, en el marco del I Festival de Flamenco en Costa Rica, acompañado en la guitarra por su hijo Juan Mejías. El grupo Al Andalus también ha disfrutado su presencia en algunas ocasiones, la más reciente en el Teatro Nacional, con el espectáculo Contigo Andalucía en el 2009, donde a sus 70 años cantó unas soleares a capella que resonaron en todo el teatro.

Patricia Urrutia es la gestora del baile en Al Andalus y es mi mamá. Nació en Guatemala en 1953 y desde niñas,ella y sus dos hermanas estudiaron baile español en la Academia de Mary Farrington, apoyadas con mucho entusiasmo por mi abuela Mercedes a quien sin lugar a dudas le hubiera gustado aprender a bailar. En Ciudad Nueva, fue donde Patricia se inició como profesora de baile con una pequeña academia en su propia casa.

Patricia Urrutia a la edad de 12 años.

Por diversas circunstancias se vio forzada a dejar su país natal y luego de vivir dos añosen Nicaragua, llegó a Costa Rica, convirtiéndose en una de las primeras maestras de este tipo de disciplina en el país. Así recuerdo haber aprendido de ella desde jotas aragonesas pasando por baile clásico español hasta rumbas y fandangos, entre otros. Muchas niñas estudiaron en su academia y con su paciencia y alegría aprendieron a tocar castañuelas, al tiempo que encontraron un pasatiempo diferente que las acompañó durante bastantes años de la vida.


Patricia y su hermana Rosario en 1972 en uno de los espectáculos de la Academia de Mary Farrington

Mientras Patricia se dedicó a dar clases, muchos Hogares de Ancianos, Orfanatos e instituciones cuya misión fuera la beneficencia disfrutaron de su presencia y la de sus alumnas. También estuvo participando en varias oportunidades en el Festival Nacional de Coreógrafos que se celebraba en el Teatro Nacional. Como anécdota recuerdo unavez que para el ensayo general de uno de los festivales nos tocó practicar descalzas en el salón donde se estaba llevando a cabo el ensayo, porque no era permitido el uso de zapatos debido al daño que se le podía ocasionar a la madera. ¡Así que muy humildemente todas bailamos sin zapatos!

Patricia en su casa en Guatemala, en 1964

Tanto mis hermanas Karla y Alicia como yo, de alguna forma heredamos ese gusto por el baile español de mi madre, similar a lo que les sucedió a Jose y a Juan con el cante de su padre. Aunque la enseñanza que ella brindaba estaba enfocada al baile español, a medida que el tiempo pasó y me hice mayor, la atracción por el flamenco se fue acrecentando y la curiosidad se volvió una necesidad de vida, por lo que empecé a estudiarlo con mayor profundidad.

Patricia Urrutia en el salón donde impartía clases, a mediados de los 80

A pesar que ya hace muchos años Patricia no se dedica a la enseñanza del baile español, es la fan número uno de Al Andalus. Siempre nos acompaña en las funciones y desde el escenario escucho su jaleo sentido y sé que disfruta y se preocupa tanto como yo.

Patricia con sus alumnas en la década de los 80

En este 2011 que Al Andalus cumple 20 años, quiero dar gracias a Patricia, mi mamá, y a Fernando, mi suegro, por todo su legado de arte a otras generaciones. Con respeto lo he acogido y con respeto y con muchísimo cariño hemos tratado en Al Andalus de acrecentarlo,mantenerlo vivo y más que eso… disfrutarlo!

El INICIO…

Fernando Mejías y Patricia Urrutia, son indiscutiblemente los gestores del

grupo Al Andalus, al heredar a sus respectivos hijos e hijas, la afición por el

flamenco. Fernando que llegó al Salvador desde Sevilla a mediados de los

sesenta y Patricia que vino desde Guatemala hasta Costa Rica a principios de

los años ochenta; creo que jamás imaginaron que abrirían camino en el arte

flamenco y que a la larga con el transcurso del tiempo, varias generaciones de

mujeres principalmente, crecerían disfrutando y amando el flamenco.

El cante flamenco es uno de los elementos que no puede faltar y que se

resiente profundamente cuando está ausente en la práctica o en el escenario.

Sin embargo, dada la naturaleza cultural particular de este arte, es bastante

difícil encontrar cantaores en estas latitudes centroamericanas. Pero por esas

rarezas del destino, Fernando Mejías llegó a Costa Rica en 1969 y aunque

yo que le conozco sé que le gusta que le escuchen cantar, se ha dedicado

más que todo a cantar por lo bajito: para su familia y para grupos de amigos

cercanos quienes disfrutan de su arte. Aunque no en pocas ocasiones su voz

ha llegado a auditorios más grandes, incluyendo el Teatro Nacional.

Fernando Mejías, el papá de mi esposo, nació en Sevilla en 1940. Su padre

falleció cuando él tenía apenas 2 años de edad y sus abuelos maternos

fueron los encargados de criarlo. Su abuelo Fernando era muy aficionado al

flamenco y desde muy pequeño lo llevaba a los mejores lugares de Sevilla a

ver y escuchar flamenco. Fue allí en la Alameda de Hércules, muy cerca de su

barrio de niñez, que escuchó a figuras históricas como Pastora Pavón (la Niña

de los Peines), Pepe Pinto, Manolo Caracol y muchos otros artistas de la edad

de oro del flamenco.

Rodeado de este ambiente y con un abuelo que también cantaba flamenco,

era casi inevitable que Fernando Mejías empezara a cantar. Es un cantaor a la

antigua, ortodoxo y muy estudioso de los grandes del cante. Le he escuchado

cantar palos muy diversos, pero reconozco que disfruta de las siguiriyas y de

los fandangos naturales, con una capacidad admirable para recordar un sin

número de letras.

Sus dos hijos, Jose y Juan, crecieron escuchándolo cantar, y como en un ciclo

que la vida repitiera, ambos empezaron a interesarse en todo lo que tenía que

ver con el flamenco. Gracias a su padre adquirieron también ese afán por el

estudio del cante antiguo y por el rescate de letras poco usuales.

Casi me atrevo a decir que fue el primer cantaor en Costa Rica y diversos

grupos de aficionados a lo largo del tiempo tuvieron la oportunidad de tenerlo

dentro de los cuadros flamencos que presentaron. Se presentó en el año

2001 en el Teatro Nacional, en el marco del I Festival de Flamenco en Costa

Rica, acompañado en la guitarra por su hijo Juan Mejías. El grupo Al Andalus

también ha disfrutado su presencia en algunas ocasiones, la más reciente en el

Teatro Nacional, con el espectáculo Contigo Andalucía en el 2009, donde a sus

70 años cantó unas soleares a capella que resonaron en todo el teatro.

Patricia Urrutia es la gestora del baile en Al Andalus y es mi mamá. Nació en

Guatemala en 1953 y desde niñas, ella y sus dos hermanas estudiaron baile

español en la Academia de Mary Farrington, apoyadas con mucho entusiasmo

por mi abuela Mercedes a quien sin lugar a dudas le hubiera gustado aprender

a bailar. En Ciudad Nueva, fue donde Patricia se inicia como profesora de baile

con una pequeña academia en su propia casa.

Por diversas circunstancias se ve forzada a dejar su país natal y luego de

vivir dos años en Nicaragua, viene a Costa Rica, convirtiéndose en una de las

primeras maestras de este tipo de disciplina en el país. Así recuerdo haber

aprendido desde jotas aragonesas pasando por baile clásico español hasta

rumbas y fandangos, entre otros. Muchas niñas estudiaron en su academia

y con su paciencia y alegría aprendieron a tocar castañuelas, al tiempo que

encontraron un pasatiempo diferente que las acompañó durante bastantes

años de la vida.

Mientras Patricia se dedicó a dar clases, muchos Hogares de Ancianos,

Orfanatos e instituciones cuya misión fuera la beneficencia disfrutaron de

su presencia y la de sus alumnas. También estuvo participando en varias

oportunidades en el Festival Nacional de Coreógrafos que se celebraba en

el Teatro Nacional. Como anécdota recuerdo una vez que para el ensayo

general

donde se estaba llevando a cabo el ensayo, porque no era permitido el uso de

de uno de los festivales nos tocó practicar descalzas en el salón

zapatos debido al daño que se le podía ocasionar a la madera. Así que muy

humildemente todas bailamos sin zapatos!

Tanto mis hermanas Karla y Alicia como yo , al igual que con los hermanos

Jose y Juan y el cante de su padre, de alguna forma heredamos ese gusto por

el baile español de mi madre. Aunque la enseñanza que ella brindaba estaba

enfocada al baile español, a medida que el tiempo pasó y me hice mayor, la

atracción por el flamenco se fue acrecentando y la curiosidad se volvió una

necesidad de vida.

A pesar que ya hace muchos años Patricia no se dedica a la enseñanza del baile

español, es la fan número uno de Al Andalus. Siempre nos acompaña en las funciones

y desde el escenario escucho su jaleo sentido y sé que disfruta y sufre tanto como yo.

En este 2011 que Al Andalus cumple 20 años, quiero dar gracias a Patricia, mi mamá,

y a Fernando, mi suegro, por todo su legado de arte a otras generaciones. Con

respeto lo he acogido y con respeto y con muchísimo cariño hemos tratado en Al

Andalus de acrecentarlo, mantenerlo vivo y más que eso… disfrutarlo!

Rocío.

Para terminar el año

Por Rocío

Este 2010 fue un año de mucho trabajo para Al Andalus. Además de preparar  nuestro proyecto para diciembre, disfrutamos de mucho flamenco con talleres y cursos cortos. Los primeros fueron durante el Festival Internacional de las Artes a finales de marzo, con los talleres cortos que tuvimos la oportunidad de organizar con las bailaoras María José Franco y Sonia Poveda. Unos meses después, algunos de los miembros de Al Andalus participaron en los talleres organizados por el Centro Cultural de España:  El Sonido y el Gesto Flamenco, de la Compañía Bulos y Tanguerías; y en un pequeño taller de baile con la bailaora Auxi Fernández, el pasado 11 de Diciembre.

El proyecto de Al Andalus La Vendedora de Fósforos nos mantuvo muy atareados y nos permitió al mismo tiempo, crecer de forma diferente y cumplir con el reto que nos propusimos en enero. Para la compañía Al Andalus significó muchísimo crecimiento personal, a pesar de los obstáculos individuales y grupales; no obstante, el trabajo de dirección escénica de Sylvia Sossa se vió finalmente reflejado en la puesta en escena. Por otro lado, el mayor desarrollo de habilidades a nivel técnico y rítmico fue evidente para mí y me siento muy orgullosa del resultado de nuestro trabajo. Particularmente debo confesar que nunca imaginé que las sevillanas se verían tan elegantes y que lograrían transmitir la sensación del fuego de una forma tan especial. Les agradezco mucho su empeño, su paciencia y el corazón que le ponen siempre a cada proyecto. Las he visto crecer año con año y sé que tanto Sylvia como yo, estamos más que satisfechas con su desempeño en este 2010.

Las Alegrías para mi tienen algo muy especial. Es uno de mis palos favoritos y me deleito tanto en el proceso de construcción como en el resultado final. Las chicas del nivel intermedio saben cuánto nos costó lograrlas de forma impecable. La lucha que se libró para pulir los zapateados, que los brazos fueran iguales, aprender a sentir el ritmo, entender la cuenta de los pasos y finalmente interpretar los personajes madre-hija dentro del contexto del cuento, lo cual  no fue fácil al principio dada la cercanía de edades y la poca experiencia de madres en la vida real. Sin embargo, el resultado fue el que esperábamos: coreografía limpia, expresión apropiada y una sensación etérea  que me permite decirles que cumplieron su reto de este año.

El trabajo con las castañuelas y el estudiar un ritmo en cuentas de 12 del grupo que trabajó durante los días viernes, también es reto cumplido. Agradezco su entusiasmo y su alegría, las ganas que volcaron sobre la propuesta y su sensación de grupo tan fuerte que es contagiante. El tango-rumba fue de alguna forma la representación de la personalidad que tiene ustedes como grupo y estoy segura que esa sensación tan fuerte durante La Fiesta, fue sentida y aplaudida por los espectadores de forma especial.

En este 2010 también dimos la bienvenida a nuevas integrantes que se involucraron con nosotras en la aventura de aprender este arte maravilloso del flamenco. Personas muy lindas e interesantes, con muchas ganas y mucho optimismo, que en varias ocasiones me hicieron reir con sus ocurrencias. También admiro mucho el trabajo que hicieron, pues su reto fue de alguna forma mayor, ya que para muchas era la primera vez que estaban en el escenario de un teatro y eso sumado a los zapateados, brazos, torsos, cabezas, parejas, frentes y formaciones en la coreografía, es una tarea minuciosa a la cual hay que dedicarle tiempo y esfuerzo. Here is the best golden goose para hombre. Eso ví en La Vendedora de Fósforos, con un resultado coreográfico bastante limpio y una coordinación admirable.

Quiero rescatar también el trabajo de las profesoras Naty, Ali y Silvia, que se entregaron a la tarea de forma especial, permitiendo que el resultado final estuviera a la altura de los espectáculos que con tanto trabajo y cariño preparamos año con año. No puedo tampoco olvidarme de nuestros músicos que ponen todo su talento y ganas tanto en el cante como en la música para permitir que el proyecto tome forma.

Finalmente quiero dar las gracias a todos los que permitieron que con La Vendedora de Fósforos, los abuelitos del Hogar de Tirrases tuvieran una Navidad diferente. En el perfil de facebook  Naty ha colocado un pequeño video que resume nuestra visita al hogar y la entrega de los regalos. Aunque no todos fueron  a la visita, los que fuimos agradecimos las sonrisas, las muestras de cariño y la posibilidad que esos abuelos nos brindaron de redescubrir el significado de la Navidad. También pueden ver fotos en este álbum.

De esta manera tan satisfactoria cerramos este 2010. Muy feliz fin de año y que el 2011 sea tan hermoso e interesante como este 2010. Gracias a todas las personas que de una u otra forma colaboraron con nuestro proyecto y esperamos sorprenderlas de nuevo en el año que está por llegar, cuando estaremos celebrando (los más viejitos) 20 años de Al Andalus.
Les dejo con una crítica sobre La Vendedora de Fósforos, escrita por el actor y periodista Rodolfo González Ulloa:


Cuando el cuerpo canta

En psicología se dice que cuando la voz calla, el cuerpo habla. En la danza, el cuerpo ya no sólo  habla sino que canta en una partitura de movimientos, gestos y ritmos, las narrativas, afirmaciones y sentimientos que coreógrafas  y bailarinas (coreógrafos y bailarines) trabajan artísticamente en un espectáculo.

Cuando la historia es intensa, y el trabajo en escena es honesto, desde la butaca uno percibe que en  las tablas el cuerpo  de quienes danzan  grita los silencios, es decir, aquello que el personaje de la historia no diría expresamente, pero que vive en su interior.

Eso es lo que yo percibí en el espectáculo “La  Vendedora de Fósforos”, del grupo Al Andalus, particularmente en el trabajo de Natalia Rodríguez, quien interpretó el papel protagónico en esta adaptación de un cuento de Hans Christian Andersen, publicado en 1845, según notas del programa.

Cuenta la historia de una niña, vendedora ambulante de fósforos, que para no morir de frío, la noche de Navidad, consume lentamente toda la mercadería, hasta que muere congelada. Así de crudo.  Así de crítico. Aquí no hay nieve…pero mucha gente muere de otro tipo de frío en Navidad.

El montaje partió de una idea bastante retadora: llevar este  cuento navideño, de origen danés, al lenguaje del baile flamenco, en concreto a fandangos, bulerías, bambera, farruca, tangos, alegrías, soleá y sevillanas.

Al Andalus eligió este relato porque para ellos  “reúne muchos de los sentimientos y sensaciones para las cuales este arte es un vehículo ideal”.

A mi me gustó porque  el espectáculo  supo dosificar las emociones de un relato que, si bien es  profundamente trágico, utilizó  ritmos, escenas y  matices que, en medio de ese drama, puso pequeñas dosis de esperanza, alegría, aunque  efímeras como un fósforo que se quema. Esto hizo que el mensaje llegara, sin saturar a la audiencia.

También  porque hubo un balance adecuado entre los textos de las canciones y lo que cuenta la coreografía. Me dio la impresión de que el gesto y el texto no redundaban, sino que se complementaban, es decir, no era indispensable escuchar la letra para entender el relato, pero tampoco sobraba el texto.

Rescato particularmente el delicado trabajo de dirección de Rocío González, para saber combinar las fortalezas de sus bailarinas, de distintos niveles en su etapa de formación, disimulando sus carencias con efectividad y explotando al máximo sus virtudes.

Dos momentos me conmovieron profundamente. La escenificación del fuego como danza, y la relación de la vendedora de fósforos con las llamas. Y por supuesto, la escena final, el careo con la muerte y el abrazo entre la niña y el espíritu de la madre.

En síntesis, un trabajo de gran honestidad, disciplina y calidad que genera expectativas muy altas para el siguiente proyecto de la agrupación.

A cinco días!!

Por Rocío

Como si fuera la primera vez, para mi cada puesta en escena representa trabajar hasta lograr el último detalle y a cinco días de La Vendedora de Fósforos, repaso mentalmente a todas horas del día, la lista de las cosas pendientes para asegurarme que voy concluyendo actividades y que mi lista quedará en cero dentro de dos días. Lo mismo pasa también por la mente de mis bailaoras que ajustan y ajustan los detalles coreográficos, aunque como siempre algunas cosillas de vestuario se les pasan por alto.

Los músicos son usualmente más tranquilos que nosotras, no sé si por pertenecer al sexo masculino o porque tienen menos detalles en la cabeza. La frase inmortal de Felipe (director musical) es: Rocío tranquila todo va a salir bien! Sobre todo porque en estas  últimas semanas siguen saliendo detalles pendientes que mi personalidad no me permite de ninguna manera pasar por alto.

Felipe está con Al Andalus desde hace 5 años si la memoria no me falla, y aunque es una persona un poco callada (creo que son demasiadas mujeres hablando al mismo tiempo), se ha ido ganando el cariño de todas. Siempre pone empeño por hacer bien su trabajo y por dar el matiz necesario a las piezas para darle vida al espectáculo. Ahora que escribo sobre él, reflexiono en cuando le anotaba en las hojas: necesito aquí una introducción larga de guitarra. El me preguntaba cuánto de larga y mi respuesta: 2 a 3 minutos. El sólo sonreía y me levantaba una ceja, pero sin decir nada, se iba a componer la ‘‘introducción‘‘. A veces me da pesar sus gestos evidentes de dolor de espalda luego de un ensayo de 3 a 4 horas en una mañana o una tarde. Pero le agradezco infinitamente su preocupación por los detalles, porque sabe lo importantes que son para mí.

Jose y Juan son los cantaores del grupo. Jose está conmigo desde hace 19 años y es el amor de mi vida. Las chicas molestan a veces y dicen que somos el papá flamenco y la mamá flamenca, y aunque lo dicen con gracia, después de tanto tiempo de compartir con ellas, en realidad son como mi familia. Jose y Juan aprendieron a cantar desde pequeños, su padre es un cantaor sevillano, y ellos de tanto escucharlo y acompañarlo a la guitarra, fueron migrando poco a poco de los tangos flamencos y las sevillanas, a cantes más jondos. Jose me aguanta los inventos aunque no siempre hace buena cara, porque a veces lo que pido resulta vocalmente imposible, pero trata de ajustarlo de la mejor manera. Juan se rasca la cabeza e intenta meter el tirititrán ‘‘atravesado‘‘ que se me ocurrió hacer, o la letra de tiento a la que le añadí un verso más porque no quería mutilar un paso que me gustaba mucho.

David (percusión) es primo de Melissa (flauta traversa) y también nos acompaña casi desde nuestros primeros pasos como grupo. Tiene una personalidad fuerte y de vez en cuando se enoja cuando hay mucho desorden o siente que las cosas no van saliendo. Para La Vendedora de Fósforos, hay secciones de baile que sólo van acompañadas de percusión con la idea de aumentar la intensidad del zapateado y aunque el acople para las que bailan ha tenido un poco de dificultad, el resultado visual y auditivo es muy interesante. Entre David, Felipe y Priscilla (teclado), se dieron a la tarea de revisar los zapateados para trasladarlos musicalmente al cajón flamenco de David y creo que en la puesta en escena este trabajo dará sus frutos.

Tela (violín), Melissa (flauta traversa) y Priscilla (teclados), completan el cuadro de los músicos, agregando colores puntuales y matices distintos a las piezas para aumentar sus textura y enriquecer los sonidos. En este espectáculo en particular me agrada mucho el aporte del violín porque su voz melancólica contribuye a crear la atmósfera apropiada para el desarrollo de las escenas del cuento.

Aunque no pertenecen al grupo de los músicos, Sylvia (teatro), Naty (baile, profesora), Ali (baile, profesora), Silvi (baile, profesora), completan el equipo de trabajo detrás del espectáculo. Muchas horas adicionales de un millón de cosas por hacer y muchas ganas de trabajar bien, al ciento por ciento. A pesar de las locuras que se me ocurren a veces!! Así que a cinco días, ahorita está Naty vendiendo entradas, gestionando las notas de prensa y el diseño gráfico con Carlitos, nuestro diseñador que siempre nos diseña afiches y programas hermosos!; Ali en el mercado central buscando detalles para el cabello que hacen falta; Silvi en ensayos extra con su grupo para asegurar que todo salga bien; y Sylvia terminando el diseño de las luces.

Cuenta regresiva para La Vendedora de Fósforos y todo el equipo Al Andalus listo!

De todo corazón deseo que disfruten mucho de este espectáculo!