Historia del flamenco- Los orígenes
28 Nov
El cante flamenco es un género de composiciones musicales o estilos que empieza a ser divulgado hacia la mitad del siglo XIX y según la opinión más generalizada, surgidos como resultado de la yuxtaposición de modos musicales y folklóricos distintos existentes en Andalucía. Las coplas de sus diferentes estilos expresan, en general, los sentimientos e intuiciones radicales del hombre, principalmente en los temas del amor, la vida y la muerte, y no suelen atenerse a un patrón métrico rígido y careciendo las más genuinas de figuras poéticas y grandilocuencia retórica, sin que, por el contrario, suelen impresionar por su desnudez literaria y capacidad de síntesis; la música se desarrolla apoyándose en melismas y vibratos y los temas melódicos describen una trayectoria especial en cada cantaor.
La formación del cante desde sus substratos básicos hasta su estructuración actual, durante un período evolutivo en el que es casi insondable calcular el momento de su iniciación, es posible que devenga de muchos años antes de la mitad del siglo XVIII, época en la que aparecen las primeras referencias documentales de la existencia y práctica de formas flamencas definidas y de intérpretes especializados. Los estudios musicológicos realizados al respecto registran en primer y fundamental lugar la influencia oriental. Una influencia que significa, desde la llegada a las tierras del Sur español de fenicios y cartagineses, hasta la aportación de matices dramáticos por parte de sus intérpretes, una constante de siglos esencialmente primordial en la música popular andaluza. A esta probada e indiscutible influencia, hay que añadir la nativa aptitud y disposición andaluza para cantar y bailar, puesta de relieve por los clásicos latinos, que glosaron a las bailarinas de Gadex llevadas a Roma en poemas y epigramas, de los que transcribimos el siguiente pasaje del titulado Puella Gaditanae (Muchacha de Cádiz), original de Marcial y dedicado a la mítica Telethusa: «Maestra en adoptar posturas lascivas al son de los crótalos de la Bética y en cimbrearse al compás de los ritmos de Cádiz…». Con estas bailarinas gaditanas exaltadas por Juvenal y Marcial, se nos ofrece las primeras noticias de la música que estos escritores llamaron cántica gaditanae, un siglo antes de nuestra era, como testimonio fehaciente de la existencia en la Bética de una música genuina sumamente rítmica, cuyos elementos sustanciales es muy posible que hayan prevalecido en el folklore andaluz en unión de las influencias posteriores que pasamos a enumerar. En primer lugar hay que reseñar la griega, advertida por Manuel de Falla, que se mantuvo hasta el siglo XIII, con los cantos litúrgicos bizantinos, basados en la melodía y en la escala menor, descendente, que es la que utiliza el flamenco. El canto gregoriano juega un papel preponderante en la España del siglo X. El pueblo participaba en las funciones religiosas interpretando cánticos: así se popularizó el cante religioso. Sus características melódicas son ahora una de las propiedades más significativas del flamenco. Además, en razón al origen judío del cristianismo y por medio de Bizancio, la música gregoriana había adquirido inflexiones quejumbrosas y orientales. Otra influencia que los estudiosos consideran muy importante en la conformación de la música popular de Andalucía, es la ejercida por los aires hindúes que trasmitieron los sirios y el famoso Ziryad, legendario artista de procedencia bagdadí, que vivó y enseñó en la época del califato de Abderramán II, entre los años 822 y 852 aproximadamente, de cuya herencia puede provenir el sentido reiterativo y ornamental que presentan algunos estilos flamencos, así como la sutileza y la complejidad rítmica que los distingue. Con la dominación árabe, la influencia que de ella se deriva debió perdurar hasta mucho más allá de su fin, posiblemente llegó al siglo XVIII, «especialmente en las tierras bajo andaluzas y en el campo con preferencia a las ciudades», como apunta Ricardo Molina, quien opina sobre el conjunto de influencias: «Panorama musical anárquico, como resultado de la convergencia en el Al-Andalus de los más diversos influjos: orientales y helénicos, semíticos y autóctonos, laicos y religiosas, cantos sinagogales, invocaciones muezínicas, liturgias griega y visigótica, cultas canciones de Ziryab, melodías hindúes y persas, canciones iraquesas de Achfa de Bagdad y Ornar de Basora, melopeas bereberes, jarchyas mozárabes, en activa convivencia, en mutua e inocente interacción, o acaso celosamente autolimitados (lo cual es más improbable). Ahora bien, entre tal variedad, aquello en lo que todos participaban fue en los cantes y bailes propios del pueblo arábigo-andaluz: jarchyas y zambras. Hasta el siglo XV, la cultura musical arábigo-andaluza, que comprendía la rica constelación señalada, dio la tónica a toda la península ibérica. La reconquista de Córdoba y de Sevilla (1236-1248) no debió alterar gran cosa las tradiciones musicales y folklóricas de Andalucía. Los castellano-leoneses que acompañaban a Fernando III se andaluzaron mucho más que se castellanizaron los andaluces. Además, en términos generales, arte y cultura eran en el resto de la península tributarios de la superior civilización islámica desarrollada en el Andalus durante seiscientos años». Las influencias árabes se consideran, todavía recientemente, como las más importantes. Una teoría popular aseguraba que todo el contexto musical procedía de los árabes, pero ha sido recientemente demostrado que son ellos quienes se inspiraron en el folklore andaluz. Del estudio de la danza y el canto orientales se desprende una afinidad con el arte popular andaluz ya impregnado de orientalismo antes de la dominación sarracena.
Ni los escritores ni los eruditos han proporcionado documentación que permita seguir la evolución y el desarrollo del cante flamenco en la literatura popular anterior al siglo XVIII, a pesar de haberse compulsado numerosos manuscritos, romances de ciegos, documentos de entidades, piezas teatrales, colecciones de canciones, libros de viajes, crónicas históricas y obras de investigación o de estudio sobre la vida española. El canto flamenco, tal como lo conocemos hoy, parece ser una manifestación artística que comienza a tener su papel a partir del siglo XVIII. Tiene su primera expresión en los lugares de trabajo y en las reuniones familiares, para pasar a continuación a las tabernas y a las fiestas en público. Los gitanos y los campesinos fueron sus principales intérpretes, puesto que la sociedad culta lo repudiaba, considerándolo cosa de gente baja.
El arte flamenco es por todo ello el fruto de distintos, aunque un tanto comunes, elementos étnicos, que como acertadamente se ha escrito «se fueron mezclando mágicamente en el crisol de Andalucía».
Su formación y desarrollo lo iremos viendo a través de la historia de sus propios estilos.
¿La partida o la llegada?
22 Nov
Aunque llevamos casi 20 años haciendo lo mismo, los teatros de fin de año nunca dejan de ser una experiencia nueva, llena de muchísimo trabajo para que todo esté a punto y con muchísima adrenalina recorriendo todos los minutos de la espera: a ratos con el deseo de llegar y en otros, pidiendo que el tiempo sea capaz de estirarse un poco más para tener la posibilidad de acabar con todas las tareas grandes, pequeñas e impensables que los espectáculos de esta naturaleza conllevan.
Todos los años son distintos. Sin embargo, estas fechas siempre se llenan de alegría por tanto ajetreo, pero para mí, también de alguna manera se tiñen con los colores de la nostalgia, porque los recuerdos de forma abrumadora van llegando en desorden y se entremezclan en mi cabeza, de forma tal que a veces me impiden enfocarme en el trabajo urgente que tiene que estar listo para que todos los tiempos programados se cumplan.
Hace diez días, al estar sentada en la estación de tren y observar los detalles antiguos que se preservan todavía, como algunas de las rejas, el pasamanos de madera de la escalera o el piso de mosaico, recordé de nuevo a quienes formaron parte de este viaje en algún momento y que por razones distintas de la vida, hoy no están con nosotros. Estas personas compartieron de forma muy diferente, algunas de forma particular conmigo o con el grupo, dejando impreso su color en el espacio vacío junto al asiento pintoresco de este vagón en el que estoy sentada o en las gotas de la lluvia que se quedan por momentos pegadas a los cristales de la ventanilla.
Vienen a mi memoria muchos nombres y probablemente se me olviden otros tantos: María Teresa, Hazel, Silvia, Rocío, Jessie, Andrea, Laura, Mariann, Blanca Lina, Adriana, Mariela, Sofi R, Erika, Florita, María José, Alejandra. Pero no puedo dejar de mencionar a Ana Laura, Ani, Caty, Sofi C y Nanne, que no sólo se sentaron a mi lado, sino me permitieron soñar, me mostraron su carisma y su entrega, conversaron conmigo por largos ratos, reimos mucho y lloramos un par de veces. Tampoco puedo dejar de mencionar a Felipe, quien se subió al tren con su guitarra justo en la estación de mi vida en que más necesitaba aferrarme a los sueños y visualizar un viaje largo y hermoso, y quien además, a pesar de la distancia, sigue diciéndome que “todo va a salir bien”.
También están los pasajeros que se suben por ratos para echar una mano, hacer compañía o simplemente se sientan al lado de alguien para sentir cómo se ve la vida desde esa perspectiva. Estos son tantos que me es difícil recordar sus nombres, pero a Kay, Sofi R y Carlos Z no los puedo pasar por alto porque suben a este tren cada Diciembre. Y así como su presencia siempre será esperada y bienvenida, la será la de nuevos amigos que conocimos en otros lugares y que nos hacen pasar ratos amenos como Alejandro, David y Tela.
Aunque este viaje parece largo, lo hemos hecho en un abrir y cerrar de ojos. Casi puedo sentir a Angie con apenas 3 años, sentadita en las gradas del cuarto de pilas de mi casa, concentradísima para que le sonaran las castañuelas y veo también a Naty, Manfe, Adri y Laura, en su primera experiencia con un abanico a la edad de 8 años. Tampoco olvido los 24 meses que me tocó estar en Guápiles y esperaba con ansias el viaje de fin de semana para venir a bailar, algunas veces en mi casa otras en el garaje de la casa de Naty. Ni tampoco a las 30 niñas que hace diez años empacaron sus cosas muy emocionadas en una maletita para hacer un viaje hasta un teatro de San José y compartir escenario con Al Andalus. Especial recuerdo tengo de una de ellas que hervía en fiebre por la varicela y lloraba mucho decepcionada porque no podría bailar con las compañeras, pero yo calladita y en complicidad con la madre, me la traje maquillada para que no se notara, con todos los medicamentos necesarios y la cuidé todo el día para que finalmente pudiera bailar con sus compañeras. Todavía desconozco a cuántas más se les pegó la varicela pero tal vez Sofía V sí lo recuerde.
No puedo dejar de nombrar en este viaje a todas las chicas que han formado parte de Al Andalus, por un tiempo corto o por un trayecto largo en el camino. Todas han dejado su marca y han llenado mis días con su amistad y su entrega, lo que ha permitido que este vagón sea como es. Gracias por todo el tiempo compartido, por tratar de entender este viaje y por compartir la particularidad de las estaciones que aparecen en las vías.
Para este Diciembre esperamos a un amigo nuevo, Manuel Montero, viene de un viaje largo con un par de trasbordos a subirse con todo y su guitarra a este tren, para terminar con nosotros el viaje de celebración de Al Andalus. Esperemos que se sienta a gusto y aunque el trayecto sea corto nos deje impregnado en la memoria el sonido nostálgico de las “guajiras”, los “aay” bien arropaditos de las “seguiriyas”, el ritmo pegajoso de los tangos flamencos y la hermosa melodía de los “caracoles”.
Mientras tanto, a tres semanas de llegar a ESTACIÓN 20, la actividad en el vagón cada vez es mayor y el tiempo no alcanza para todo. Pero es un verdadero placer estar lado a lado con quienes nos han hecho compañía por varios años: Ana, Pri, Dani, y más aún con quienes han estado conmigo durante más de la mitad de mi vida: Jose, Juan, Ali, Naty, Diana, Angie, Lau, Meli, Mariangel, Sil S (los más viejitos J). No es posible saber durante cuánto tiempo más compartiremos este vagón, lo que importa es mirar atrás recordar cuánto tiempo hemos hecho juntos este viaje para sentirnos aún más dichosos de sabernos hoy, sentados lado a lado a punto de llegar a ESTACIÓN 20.
La espera: 4 semanas para Estación 20
11 Nov
Octubre nos dejó un sabor dulce en la boca, con la participación en el III Festival Internacional de Flamenco en Costa Rica, en compañía del guitarrista costarricense radicado en Sevilla, Manuel Montero y con la experiencia distinta e interesante de la Fiesta Española, concierto organizado por la Banda de Concietos Cartago, donde aportamos tres coreografías sobre una música hermosamente interpretada y un repertorio de justa medida, muy alegre, diseñado para el disfrute de quienes nos acompañaron en el Teatro Eugene O´Neill y en el Anfiteatro de Cartago. Aunque mi agradecimiento fue personal, deseo agradecer de nuevo a Ricardo Vargas a nombre mío y de Al Andalus, porque da gusto participar de eventos tan bien organizados y en un ambiente tan cálido, ojalá podamos compartir con ustedes en otras oportunidades.

Fiesta Española, Teatro Eugene O´Neill. Participación de Al Andalus: Melissa Solís y Alicia González
Noviembre ya va a medio camino, sólo faltan 4 semanas para Estación 20 y el trabajo todavía no ha terminado. El taller de Annia está a punto de desbordarse de vestuarios, unos ya terminados, colgados dentro de sus bolsas de plástico, en espera del 17 Diciembre, otros a medio camino, aguardando les coloquen los detalles que están esparcidos en montoncitos de vuelos por un lado y por otro, sobre la mesas de trabajo. Similar “desorden” existe en el proceso de construcción de las escenas, en el diseño de las coreografías y en la estructuración de la música.
El proceso creativo es a veces complicado de entender, sobre todo cuando toca mantener la expectativa y bajar la ansiedad de muchas personas con distintas percepciones de lo que sucede alrededor. Cuando se modela “arcilla viva” hay que armarse de paciencia para no perder la línea y poder construir algo diferente e interesante a pesar de los múltiples deseos u opiniones externadas por los viajeros que prefieren cada cual, desde su punto de vista, una ruta distinta o destino final diferente.
Pero bueno, aquí vamos, ya a punto de llegar a la estación, en ese momento de la espera final donde ya no se duerme con tranquilidad porque la ansiedad lo supera todo. Donde se desea que el día tenga 50 horas para poder estirar el tiempo, pero a la vez, uno tiene ganas de llegar y conocer cómo será el destino final de este tren. Al menos para mí, este es un tiempo interesante, trato de disfrutarlo, de mantenerme lo más en calma posible y de recordar las palabras de mi amigo Felipe, nuestro guitarrista: Todo va a salir bien.
Esta espera ha tenido sus bemoles y la sesión de fotografía-video con nuestro cómplice y amigo Carlos Zegarra, además de la noche de trabajo con el actor Miguel Ángel Hernández Grazioso y nuestra directora escénica Sylvia Sossa, definitivamente son memorables. Fue una larga jornada de trabajo para todas, pero con gran satisfacción al final del día. La mañana empezó con una carrera para no perder el tren en la estación de la U Latina, jalando bolsos y maletas, todas a medio maquillarse y todavía medio dormidas. Llegamos a la Estación del Pacífico, donde se desarrolló en el transcurso de la mañana, una sesión cansada pero muy divertida, y digo yo que muy provechosa, aunque todavía estoy en espera que Carlos me confirme un resultado positivo. Nunca olvidaré una de las últimas tomas del día, cuando les pidió a las chicas entrar a la estación como si se acabaran de bajar del tren y caminar para hacer trasbordo o salir de la estación. Ya estaban tan cansadas que se escuchaba el arrastre de los tacones al caminar, todas iban con los brazos colgando y con una cara de cansancio que sólo les faltaba llevar “la lengua afuera”.
La sesión de actuación con Miguel Ángel, aunque quisiera no puedo contarla. Es una de las escenas del espectáculo y la voy a guardar como sorpresa porque es muy picaresca y divertida. Sólo diré que para un vagón lleno de chicas, que se conocen desde hace ya bastantes años, fue muy agradable tener un actor que se integrara a la puesta en escena de Al Andalus y que se preocupara por estudiar nuestra historia para dar lo mejor de su trabajo. Una noche memorable y un final de jornada con muchas risas.
Ahora sólo queda la espera, llena de mil cosas por hacer para que todo esté a punto. Un equipo de personas involucradas pensando en cada detalle, a quienes no me canso de agradecer su entrega y su cariño, un teatro esperando que se llene la estación y que llegue el tren con esas historias de personas comunes que un día tomaron la decisión, no sé si de forma consciente o por casualidad, de hacer este viaje.
Setiembre: mucho flamenco sentado en la estación
18 Sep
Setiembre es un mes de preparación: mucho flamenco está sentado en esperando el tren en la estación.
El recorrido da inicio los días 6,7 y 8 de Octubre con el III Festival Internacional de Flamenco en Costa Rica en Jazz Café Escazú, que contará entre otros, con la presencia de la bailaora Silvia de Paz y con la guitarra costarricense radicada en Sevilla de Manuel Montero. La temática elegida por los organizadores son los Cafés Cantantes, que simbolizan la llamada Época de Oro del flamenco.
Al Andalus participará de este evento el día jueves 6 de Octubre en la inauguración, con una propuesta titulada En blanco y negro, que intenta hacer remembranza de esa época particular de la historia del flamenco, donde lo que se mostraba al público incipiente, era una especia de noche de variedades que sobrevivía con lo básico cante, guitarra y baile. Aunque por aquellos tiempos no se hacía uso de una gran variedad de instrumentos como sucede en los espectáculos de la actualidad, sobre todo en las puestas en escena en teatros, decidí añadir el violín como la voz melancólica que produce un efecto de grises y nos permite de alguna manera regresar el tiempo a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Así mismo la cadencia musical de la taranta y el tiento, imprimen tintes muy nostálgicos que facilitan la ubicación temporal al espectador.
Este día Al Andalus tendrá el honor de compartir con la guitarra de Manuel Montero, al lado de las voces que durante 20 años nos han hecho compañía: Jose Mejías y Juan Mejías, y con los amigos que desde hace ya bastantes años han sido compañeros de tren: Maristela Jiménez (violín) y David Solano (percusión). Además el diseño de vestuario especial para la ocasión que ya se está preparando en el cálido taller de Annia Amador, nuestra vestuarista.
Pero simultáneamente a la preparación de este encuentro flamenco, trabajamos para compartir el escenario en un evento particular con la Banda de Conciertos de Cartago, en el cual estoy haciendo uso de la creatividad y de la paciencia para trasladar los movimientos flamencos a la música clásica española. Este ha sido un ejercicio en el que definitivamente hemos aprendido mucho, porque si bien con relativa facilidad enmarcamos el compás y nos adaptamos al tempo, imprimir un sello que le de coherencia y sentido a lo que se hace resulta en extremo complicado. Estas presentaciones serán los días 20, 21 y 23 de octubre en el Teatro Eugene O´Neill.
Ya he tenido que hacerme la ciega ante los gestos evidentes de ¿qué estamos haciendo? de las chicas de la compañía. Sin embargo, es todo un reto personal y como en todos los recorridos de tren que hemos hecho a lo largo de 20 años de historia, la sensación de equipo, la constancia, la voluntad de hacer bien las cosas nos permiten llegar a la estación sin mayores inconvenientes. Así que nos esperan tres funciones interesantes para la tercera semana del mes de Octubre.
Y para completar el calendario, ya entramos en la recta final de Estación 20 (17 de diciembre, Auditorio Nacional). Ya se inició el montaje coreográfico, el trabajo de las escenas va adelantado, Annia ya está en el proceso de tallar vestuario y su taller literalmente está inundado de piezas de tela, volcanes de vuelos de colores y bolsas que guardan celosamente los vestidos que ya están listos para el acabado final. Diez cambios de vestuario, seis estaciones y un tren en el escenario donde vamos a contar historias de gente distinta que, por alguna razón desconocida pero fortuita, tomó el mismo tren, se sentó en el mismo vagón y aunque no tiene ni idea de cuál será la próxima estación, considera que definitivamente el viaje vale la pena.
Estación 20
15 Ago
Ya estamos en Agosto 15 y todavía no he terminado de seleccionar las letras que darán vida a la puesta en escena. Sin embargo, la evolución de las historias y de los personajes finalmente es palpable y me permite ir generando más y más detalles que permitan completar la historia para volverla muy interesante y para que finalmente, se convierta en una verdadera celebración de lo que más disfrutamos haciendo juntos: bailar, cantar y tocar flamenco.
El sábado anterior trabajamos por dos horas y media en hilar bien el camino que deben recorrer los personajes en las primeras dos escenas. Tomé la escenografía hermosa diseñada por completo en papel por El Chumi, que abarca alrededor de 8 metros de largo, y traté de trasladarla a la imaginación de las chicas marcando los espacios con masking tape en el suelo, empleando dos marcadores para definir la puerta y colocando sillas blancas plásticas, para recrear el espacio donde se desarrollará nuestra historia. No estoy segura todavía de que todas fueran capaces de ver lo que yo miraba, de imaginarse las luces y el escenario lleno de música. Pero sentí por primera vez que ya estamos empezando a pisar terreno firme.
Cada proceso de construcción es distinto y tiene su propia complejidad. Va y viene por rutas diferentes, se detiene en estaciones diversas y es difícil predecir cuánto tiempo tomará en llegar a la siguiente estación. Mi estado de ánimo influye mucho en la velocidad de avance y en las áreas en las cuales se trabaja más o menos, y aunque a veces quisiera que este tren marchara ya a toda velocidad, hay que tener paciencia, esperar suficiente y permitir que el proceso tome su propio ritmo y se vaya construyendo poco a poco, aunque por momentos siento que Diciembre ya está a la vuelta de la esquina.
El vestuario está todo diseñado, faltan apenas una o dos piezas si no me falla la memoria. Nuestra diseñadora Annia se ha esmerado particularmente en comprender la naturaleza de cada uno de los bailes para así generar hermosos acabados. Acordamos los colores para que armonicen entre sí y den como resultado las sensaciones que deseo transmitir, y en compañía de Alicia, recorrimos las tiendas una y otra vez, hasta encontrar lo que se ajustaba a la idea preconcebida de las imágenes que Annia dibujó en el papel. Aunque no sé nada de costura, y ya en otras ocasiones he hecho mención de este detalle, siento una fascinación especial por esta parte del proceso: colaboro con todas las ideas posibles, aplaudo maravillada los diseños tan interesantes y disfruto mucho la selección de las telas.
La música está en proceso. Tengo que encontrar lo justo para lo que deseo expresar. Tiene que ser muy especial porque es una celebración y no se merece menos. Mi trabajo particular: horas de horas escuchando grabaciones, muchas de las cuales son difíciles de entender dado que son muy antiguas y fueron rescatadas para alguna antología o de algún «disco de piedra» como dice Jose. Pero hay que darle espacio y tiempo al proceso, ya casi llegará el momento de tener las letras para completar los elementos de este espectáculo. Además de cruzar los dedos para que las circunstancias sean precisas y podamos tener con nosotros a los músicos que necesitamos para llenar de sonidos vibrantes y de voces hermosas, el recorrido del tren.
Hace una par de meses Sofi apuntó en alguno de los comentarios que todavía no le cerraba muy bien la idea de un tren. La verdad a mi tampoco. Sólo fue algo que se me ocurrió y pensé que se debía trabajar alrededor de este concepto. Sin embargo, en este momento puedo decir que sueño con trenes, con mapas, con lugares nuevos y diferentes, con posibilidades escénicas, con fotografías, luces, personajes… y que todo el léxico ajeno a mi rutina: andén, patios, rieles, vagones, durmientes… forma parte de mi pensamiento diario y se convierte poco a poco en música, silencios, brazos, taconeos, paseos, que van dando forma a esta locura de veinte aniversario llamada ESTACIÒN 20.





