Las llamas de tu cajita…

Por Susana, una de las chicas del grupo de los viernes :

«Para mí La Vendedora de Fósforos representa esa luz esa chispa, la ilusión, fuego en nuestro ser mujeres luchadoras enfrentando tristezas, alegrías, desilusiones, amor, mujeres apasionadas por nuestra familia, por nuestros sueños, por nuestro sentir, triunfadoras donde cada fósforo que se enciende nos abre un camino nuevo que debemos enfrentar. El último fósforo, al ocaso de nuestras vidas, nunca se apagará y es amor por la eternidad. No permitas que la llamas de tu cajita se extingan antes del último fósforo».

La Fiesta: una celebración de vida / a 4 semanas

Por Rocío

Esta semana que recién terminó ha sido de mucho trabajo para todos en Al Andalus. Felipe dedicó la semana a sacar partituras y todos hemos afinaron detalles para el maratónico ensayo del domingo. El tejido de La Vendedora de Fósforos, va adquiriendo formas y colores, para que Silvia, nuestra directora escénica, pueda rectificar puntadas y ajustar costuras a todo lo que se necesite.

El sábado, las bailaoras de la compañía trabajaron toda la mañana en terminar de dar forma a los personajes de la historia y en construir los enlaces entre una pieza y otra, para que el cuento no tenga baches ni espacios en blanco.

Pero quería comentar de especial manera el trabajo sobre la escena de La Fiesta. Abarca alrededor de quince minutos y está conformada por un grupo de tangos flamencos. Alrededor de 25 bailaoras construyen esta escena donde se representa una fiesta de Navidad. El tango flamenco tiene un ritmo muy contagioso que nos es más cercano en estas latitudes porque de alguna manera nos remite a algo parecido a la salsa caribeña. Para alguien que da sus primeros pasos en el flamenco, este “palo” le resulta familiar y es fácil que esos sentimientos de alegría y de “sabor” le lleguen desde el oído hasta el corazón.

Esta escena es la primera visión que tiene La Vendedora de Fósforos, en un desesperado anhelo de aferrarse a la vida y creer que todavía esa felicidad arrebatada puede ser posible. Es un momento en que se desprende de la realidad para hacer casi tangible las risas, la comida, la casa calientita… lo cotidiano que a veces por tenerlo siempre ni siquiera percibimos. Sin embargo, personalmente, trato siempre de ser consciente de esos pequeños detalles que hacen que las cosas valgan la pena y es precisamente esa alegría contagiosa de La Fiesta, la que me recuerda el trabajo con mis bailaoras, porque aunque algunas veces estoy a punto de “matarlas” por la desconcentración y el barullo que forman, la mayoría de los ensayos se convierten para cada una y para todas en un espacio de compartir, de quitarse el estrés del día (aunque no estoy segura a 4 semanas si nos ponemos o nos quitamos… pero bueno…) y de disfrutar.

A muchas de mis bailaoras las tengo conmigo desde muy pequeñas y por eso son como mis hijas. Hoy Alicia (profesora) tiene las suyas propias, que están apenas empezando a descubrir este camino distinto del flamenco. El martes anterior que las observé dar sus primeros zapateados y contonearse a ritmo de tango. Me dio un poco de nostalgia, hice cuenta de los
años que han pasado y que nos han permitido crecer juntas, acompañarnos en los buenos y malos ratos, y explorar, redimensionar, retarnos, empujarnos una a otra para mejorar en cada trabajo que nos proponemos desarrollar con el flamenco siempre dentro del corazón.

Si bien mi necedad de perfección me obliga siempre a buscar lo mejor en cada propuesta, mi intención es siempre el desarrollo personal de cada una, por eso son tan especiales para mi, porque de alguna manera gracias al flamenco, ha existido un espacio para que mis hijas sean mejores mujeres, para que aprendan a tolerar, respetar, cooperar, a echar una mano a quién le cueste, a tener paciencia (aunque a veces nos sigue faltando una buena dosis) y a disfrutar, disfrutar, disfrutar de todo lo que se hace. Es por esto que el espacio de La Fiesta me gusta tanto, y entre las carcajadas generales de la clase del jueves pasado cuando por el agotamiento general eran incapaces de hacer los pasos de forma coordinada y el resultado fue demasiado chistoso, les di gracias en mis pensamientos por llenar este espacio de mi vida.

Así que a ritmo de tangos flamenco y con muchas horas de trabajo invertido, va caminando «La Vendedora de Fósforos». Ya falta poco, falta todavía que los músicos terminen de ajustarse a nosotras y aunque este proceso es un poco lento y se siente incluso un poco de miedo o ansiedad, es parte de esa fiesta flamenca y debe vivirse con placer, sin dejar de la lado la obligatoria rigidez de una disciplina, para crear un hermoso espectáculo para quienes nos acompañen el día 12 de diciembre.

Y para mis hijas: nunca olviden cuánto las quiero! Gi.

A 5 semanas

Por Rocío

El trabajo sigue fuerte y continuo a 5 semanas del espectáculo LA VENDERDORA DE FÒSFOROS. Este fin de semana anterior estuvimos trabajando con la escena del mercado, reuniendo a dos de los grupos que participan en “La venta” para tratar de entender cómo funciona y cuál es el lugar de cada cual, de manera que los personajes vayan adquiriendo forma y encontrando su lugar en cada una de las escenas.

El trabajo simultáneo con varios grupos siempre requiere un poco más de paciencia y a veces, con la presión del tiempo encima y mi necesidad personal de perfección en todo lo que hago, es más fácil que me saquen de las casillas y termino siempre más ronca de lo normal.

Sin embargo, al mismo tiempo es un espacio que se disfruta diferente porque son pocas las oportunidades durante el año en que todas y todos estamos juntos y entonces el ensayo se convierte en un mercado de verdad: risas, saludos efusivos, barullo, chismes… en realidad lo único que falta es la mercancía para vender.

En la historia que estamos recreando, “La venta” requiere además de una energía particular, debido al palo flamenco que empleamos (bulería) para mostrar un mercado. La condición física debe ser la adecuada para mantener el ritmo arriba sin descomponer la línea del cuerpo, y sin descuadrar los zapateados, de forma que a pesar de la velocidad el cuadro que se observe sea limpio y claro. Esto es todo un reto sobre todo porque la rapidez y nitidez en los pies cuesta bastante y porque es necesario transmitir ese color especial de la bulería, que cuando se está tan lejos del ambiente flamenco, exige borrar del cuerpo la historia musical tropical y reescribir una nueva que exprese los sentimientos de formas completamente diferentes a las que estamos acostumbrados.

Para la vendedora de fósforos, está el reto adicional de incorporarse a las actividades del mercado de dos maneras distintas. La primera en la posición de vendedora ambulante, un poco con la sensación de desesperación al darse cuenta que no puede vender nada. Pero por otro lado, se integra en las juergas, en los chismes con las vendedoras, olvidándose por un momento de su situación personal y permitiendo que toda esa marea de colores y sensaciones la inunden por completo, dejándola disfrutar a plenitud de los bailes en la placilla del mercado.

Así dentro de esta alegría particular que genera “La venta” en el espectáculo, no se debe olvidar el fondo de la historia de Hans Christian Andersen, donde la indiferencia ante la situación de pobreza termina con la muerte de la vendedora de fósforos. Una de las letras de la bulería nos lo recuerda: “ Y yo vendo en el mercado fosforitos, y la gente está contenta y no me nota, pasa el tiempo y la noche va llegando, y no vendo ni un poquito, ahora, ahora, ahora”.

Como una forma especial de no ser indiferentes ante este tipo de situaciones, este año vamos a dar un regalo de Navidad especial al Hogar del Adulto Mayor Alcohólico e Indigente, ubicado en Tirrases de Curridabat. Allí viven alrededor de 55 abuelitos, que tuvieron una infancia y una vida en general difícil, y que por su condición de alcoholismo e indigencia, muchos están en situación de abandono por parte de su familia. Este hogar subsiste de lo que las manos y corazones generosos les compartan. Las necesidades son muchas, pero conversando con el administrador, las toallas de baño y la ropa de cama son urgentes. Por eso la familia Al Andalus tomará un porcentaje de las entradas del espectáculo que con tanto cariño y esfuerzo estamos preparando, para destinarlo a la compra de este regalo de Navidad. Cualquier otra persona que desee colaborar o tenga alguna idea interesante que desee compartir con nosotros, es bien recibida.

Y así vamos a 5 semanas, cargando muchas pilas, con el ánimo muy muy arriba y agradeciendo por cada día que tenemos para compartir y disfrutar no sólo este arte tan maravilloso del flamenco, si no la amistad que nos mantiene desde hace muchos años. Así que: a seguir trabajando!!!

Mis locas de los viernes – a 5 semanas

Por Naty

Los viernes es el día de clase de un hermoso grupo de la Academia Al Andalus. No lo niego: es un día incómodo. Hay presas por todo lado, uno está cansado y ya sólo desea irse a descansar o distraerse. Pero todo se hace más fácil cuando llegan las 6 p.m. y nos reunimos a bailar.

El promedio de edad de las chicas debe andar por los 25 años, aunque también tenemos un par de «cumiches», una inclusive en el colegio, y algunas que ya pasaron los 30s. Pero cuando están juntas las edades se difuminan: en ellas todo es alegría, juventud y energía. Realmente contagian ganas de bailar.

Ahorita son 15 chicas. La mayoría bailan juntas desde el año pasado, siempre en el mismo horario, pero también han ido entrando nenas nuevas al grupo, y las hemos recibido como a una hermana más. Me dicen “teacher”, pero yo me siento como una más de ellas. Salimos juntas después de clase, vacilamos, nos contamos nuestras alegrías, tristezas, penas y aventuras, nos escribimos correos, celebramos cumpleaños, y hacemos muy bien lo que hacen las amigas: quererse.

Este año ha sido muy especial para el grupo, porque ha habido cambios importantes en la vida de muchas. Nos ha tocado celebrar, reír, abrazar, y “apañar”, como decimos los ticos. Y ahí estamos, siempre unidas por el duende de eso que todas amamos hacer: bailar flamenco.

En “La Vendedora de Fósforos” este grupo tiene dos partes importantes. Una tiene una especial dificultad técnica, los Fandangos, y la otra tiene muchos cambios coreográficos veloces que requieren de concentración. Pero lo han ido sacando bastante bien, para mi tranquilidad y satisfacción. A veces las regaño porque hablan mucho o porque faltan, son todas chicas muy trabajadoras y ocupadas, lo sé, pero por suerte el buen ambiente hace que todo vaya fluyendo bien.

En una de las escenas juegan un papel muy importante, y decidimos que así fuera precisamente por esa “buena vibra” que tienen cuando están juntas: ríen, disfrutan, se quieren. Gozan. Traté de que eso se evidenciara aún más en la coreografía. Y eso es lo que queremos transmitir al público en ese segmento del espectáculo.

Escribo de “mis hijas”,  como les dice Rocío, aunque yo las veo más como “mis hermanas”, porque creo que representan muy bien lo que es Al Andalus: una familia. Un lugar donde a lo largo de 20 años muchísimas niñas y mujeres hemos crecido, compartido, celebrado, llorado y aprendido mucho más que bailar flamenco. Hemos aprendido del amor, del perdón, de la lealtad, de la vida. Y seguimos aprendiendo, y seguimos recibiendo nuevas hermanas, y cuando nos topamos a alguna que por alguna razón ya no baila siempre la sentimos como a una hermanita más que simplemente ya no vive con nosotras en la casa pero que siempre vive en el corazón.

Quizás suene muy cursi, pero creánme que no exagero. Y si no me cree, vaya a verlo al teatro. Estoy segura de que ahí se respira ese cariño.

Naty

A 6 semanas

Otro texto de Rocío, directora de Al Andalus, sobre el proceso para el montaje de «La Vendedora de Fósforos», nuestro próximo espectáculo.

Otra vez estaba de visita en el taller de costura de Annia, tratando de imaginar cómo se verán las escenas con el vestuario que se ha diseñado, si será suficientemente explícito para cada personaje o si aún falta pensar cómo lograrlo. Este fin de semana pasado estuvimos trabajando los personajes y dimensionando de manera personal y grupal el reto que conlleva, porque trasciende al baile como tal y requiere del desarrollo de habilidades que quizá no imaginamos que habría que desarrollar.

Interesante la perspectiva de estudiar a cada personaje y permanecer un rato del día con él, para sentirlo como se amolda a la piel y poder entenderlo por completo. Da la posibilidad de construir un yo diferente para colocarlo en un escenario, lo que conlleva un proceso de descubrimiento individual y de logros colectivos que me asombraron el sábado anterior.

La historia de la Vendedora de Fósforos, aunque es de Navidad, no es una historia feliz, más bien nos permite reflexionar sobre el quehacer diario y agradecer lo que la vida nos da día con día. Por eso en algunos momentos del ensayo me maravillé de poder sentir a esa vendedora en su soledad y desamparo, o de percibir el fuego que al mismo tiempo que la transporta a otras dimensiones espacio tiempo, la va destruyendo poco a poco.

Mi asombro también fue directamente con mis chicas que han trabajado duro y que están tratando de averiguar cómo hago que esto se vea de la manera que Silvia (profesora de teatro) y yo queremos. Yo noté el esfuerzo y el temor a veces de dejarlo ser… Pero los resultados se están cosechando y sé que quienes nos acompañen en el espectáculo se conmoverán con la historia.

Justo ayer que comentaba sobre este espectáculo, una amiga me decía: “No puedo imaginarlo. Pienso en ese cuento y automáticamente me remito a un montaje en ballet, pero nunca en flamenco!” y yo en cambio creo que hicimos una elección correcta porque es precisamente el abanico de sensaciones que el flamenco permite transmitir, lo que provee la capacidad para conmover que es requisito en este cuento.

Ahora falta que cada quien termine de apropiarse de su personaje y del momento de la historia que le toca contar, que se de una oportunidad o un permiso especial para ser en los ensayos y en el teatro, una persona distinta… para poder tocar el corazón de quienes nos miran de una manera diferente en esta época de Navidad.

¿Y la música? También va en proceso. Con la creación de letras, de escobillas, de cierres que ayuden a magnificar la intensidad de los zapateados. Ahí está Felipe (guitarra) estudiando e inventando cuál es la mejor manera de “hacer los pegues”, de evitar los espacios en blanco, de dar chance. Generando partituras para el violín de Tela y el cajón flamenco de David. Nos divertimos mucho el domingo en el ensayo, llevando la voz de Jose (cante) al límite para hacer una letra de alegría, mientras Juan (cante) buscaba el momento preciso para entrar con el clásico “tirititran” que a mi se me ocurrió atravesar en un coro para probar si se escuchaba interesante.

Así vamos a 6 semanas del 12 de diciembre, estudiando mucho y con muchas ganas!

“Unas van vendiendo flores
Otras venden canastitas
Yo vendo mis fosforitos
Cómpreme usted una cajita”

Aquí en uno de los ensayos del grupo de avanzadas