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Mamás flamencas
15 Ago

En agosto celebramos en Costa Rica el Día de la Madre, y en agosto es el mes de la abnegación en Al Ándalus, ¿coincidencia? ¡Para nada!
Las mamás somos abnegadas, al menos las mamás que intentamos cumplir con lo que el rol demanda, y hacerlo bien. La abnegación es, según la Real Academia Española (RAE), el sacrificio de la voluntad, afectos e intereses; en su mayoría, por motivos religiosos o altruistas.
Por nuestros hijos posponemos nuestros intereses, sacrificamos horas de sueño, el tiempo no rinde… Deseamos con todo nuestro corazón verlos felices y realizados, plenos. Y, les confieso, yo deseo con todo mi corazón ver a mi gordita feliz de la vida vestida de flamenca, zapateando y movimiento las manitas con preciosos floreos, pero creo que eso es pensando en mi felicidad, esperando que ella perciba tantísimo bienestar en el flamenco, como el que yo he experimentado.
Por mi bebé sacrifico muchísimo, por ejemplo: ¡mis horas de sueño! Quienes me conocen saben lo que esto significa. Es tanto lo que un hijo demanda, al menos durante los primeros meses (que es la etapa en la que estamos), que estoy sacrificando las clases de mi adoradísimo flamenco por mi más adoradísima bebé.
Sin embargo, he reflexionado que sería importante considerar una “abnegación responsable”. Este término significa, inventado por mí, sacrificar hasta donde no me pierda yo misma en el camino. A Maripaz (mi hija) no le sirvo si estoy agotada, si me siento triste, si no me cuido, si vivo a diario nostálgica. Y en muchas ocasiones así me siento, nostálgica, deseando bailar; y así ando, bailando por todos lados, zapateando y floreando frente al espejo de mi cuarto, escuchando flamenco cuando manejo, mezclando mis obligaciones académicas con mi adorado baile porque no quiero soltar mi conexión con esta preciosa disciplina que tanto me ha dado, que tanta salud física y mental me ha regalado, que tan bien me ha hecho sentir conmigo misma.
En los meses que llevo siendo mamá, he descubierto una fuente de amor y felicidad que antes no podía concebir, ahora mi gordita es mi vida, mi prioridad, la dueña de mis tiempos y mis rutinas, es lo más precioso que tengo. Y también, en los 33 años que llevo siendo hija, he tenido a mi mamá de cerca, cuidando de mí, y ha sido muy importante para mí ver a mi mamá feliz, porque cuando he acudido a ella, me ha apoyado desde su fortaleza, compartiendo su sabiduría y ha sido una mamá abnegada, que se ha cuidado para ella, y para nosotros.
Espero que mi bebé crezca sintiendo que puede contar conmigo, que soy para ella un apoyo y no una carga; sacrificaré por ella lo que sea necesario para verla feliz, y eso también quiere decir pasar por encima de la culpa que a veces como mamás sentimos por el simple hecho de dedicarnos un tiempo para nosotras mismas y para cuidarnos. ¡Lo necesitamos! Y Maripaz necesita que yo me cuide, para poder cuidar bien de ella.
Flamenco ha significado en mi vida horas de terapia, espacios de socialización y esparcimiento importantísimos y, aunque hay momentos en los cuales definitivamente es necesario hacer una pausa, no quiero permitirme pasar de la pausa al stop… Creo que se puede ser mamá, se puede ser abnegada, y se pueden defender los espacios de autocuidado, a pesar de que por periodos haya que posponer un poquito; no son excluyentes (vuelvo al término de abnegación responsable).
También creo que como mamás tenemos derecho a soñar con lo que deseamos para nuestros hijos y yo, como mamá flamenca, sueño con ver a mi gordita bailando, compartiendo conmigo este amor por las sevillanas, las bulerías, los tacones, las palmas y la piel de gallina cuando se abre el telón y uno está en el escenario.
Respetaré sus decisiones (siempre y cuando bailar flamenco esté dentro de sus prioridades, jaja… ¡es broma!), sacrificaré por ella lo que sea necesario, defenderé mis espacios de autocuidado por mí y para estar disponible como apoyo para Maripaz, y seguiré soñando con verla bailar.
En este proceso también he aprendido que los papás dejan de lado sus intereses y se involucran en la crianza de los hijos, al menos Oscar así lo ha hecho.Y hablando con él hace unos días llegamos a la conclusión que cuidar a Maripaz, lavar chupones, cambiarla, hacer mandados con ella; inevitablemente es un proceso de abnegación, pero también permite que la disfrute como yo. Entre los dos vamos sacando la tarea, ambos aprendemos, cuando uno tiene sueño el otro asume; y lo más bonito es que los dos también nos estamos permitiendo disfrutar de nuestro rol y de nuestra gordita.
Ser mamá flamenca es una lindísima combinación y mamás flamencas en la academia hay muchas, y súper cargas: las que tenemos hijos biológicos, las que han adoptado a algún familiar o por el corazón, las profes que han visto crecer a sus alumnas, las compañeras que asumen un rol maternal y cuidan a alguna compañera… Para cada una mi profunda admiración. Y por supuesto no puedo dejar de mencionar el cariño enorme que le tengo a mi súper mamá flamenca, Rocío.
¡A todas las mamás de Al Ándalus, FELICIDADES! ¡Feliz día de la madre y feliz mes de la abnegación!

Por: Mariangel Vindas.
Agradecida
15 Jul

“Flamenco no sé lo que haría si no existiera el flamenco…”
A veces damos por sentado muchas cosas, y sin embargo, hay tanto que agradecerle a la vida. Hoy le agradezco al flamenco y a todo lo que representa para mí. Realmente no recuerdo cuándo me comenzó a gustar, solo me viene a la memoria la sensación de que cuando escuchaba el cante o veía el baile algo dentro de mí decía: ¡Quiero!
El flamenco es poco común en Costa Rica. Cuando comencé a ir a clases a mediados del 2013, el grupo se cerró en poco menos de un año por falta de integrantes. En agosto del 2014, la vida me llevó hasta Al Andalus, y le agradezco tanto por eso. Ha sido en esta Casa donde no solo he aprendido (y sigo aprendiendo) a bailar, zapatear y a manejar un abanico (mi instrumento soñado), sino que también he aprendido a conocerme, a expresarme (que siempre me ha costado demasiado), y a tener más confianza en mí misma.

Cada vez que aprendo y logro ejecutar un paso de baile, es un pequeño éxito para mí y es aún más grande cuando puedo ayudar a mis compañeras a lograrlo también. Esta Casa ha sido mi espacio de liberación, de refugio y aunque el flamenco no me llenaba tanto cuando pasaba por momentos difíciles, ha sido este sitio el que me ha mantenido a flote.
De muy pocas cosas y personas yo he podido decir que las amo, el flamenco es una de ellas, es parte de mí. Pero lo que lo hace más especial es Al Andalus y sus integrantes. En esta Casa he conocido a las mujeres más admirables, valientes y divertidas. Cada una me ha aportado de una u otra manera y las quiero a todas.

Gracias profes y chiquillas por el apoyo incondicional, las risas y el esfuerzo para hacer cada clase única.
“Con esto quiero deciiirte….” (léase cantando garrotín) muchas gracias flamenco, muchas gracias familia Al Andalus por estos 5 años y contando.

Sofi Carvajal.
Junio Mes de la Música
10 Jun
La Fête de la Musique se celebra el 21 de junio y fue creada en Francia en el año de 1982. Desde sus primeras ediciones consideraba dentro de sus objetivos el ser gratuita y estar abierta a todo tipo de música, sin jerarquías de género ni prácticas.
Poco a poco, la idea se fue expandiendo y actualmente esta festividad se celebra en más de 120 países alrededor del mundo. Costa Rica no es la excepción y por eso, en la Academia Al Andalus nos unimos a esta forma de celebrar a la música.
Cuando Rocío me habló para que escribiera esta edición del blog, me pidió reflexionar sobre ¿qué es para mí la música? ¿qué significado tiene en mi vida? …y aunque no lo crean, ¡me costó muchísimo comenzar a escribir!
La música está presente prácticamente en todo en mi día a día, ya que aunque soy graduada en música clásica de la Universidad de Costa Rica, fue hace más de 20 años que el flamenco en Al Andalus se convirtió en mi primer acercamiento a los ritmos, armonías y melodías. Me aventuro a afirmar que para la mayoría de las integrantes de la academia esta situación puede resultar muy similar.

Si bien en las clases practicamos compás y bailamos secuencias acompañadas por grabaciones, en algunos espectáculos de final de año y en fiestas (como en las dos que celebramos este año durante la Feria de Abril), también hemos tenido la oportunidad y el privilegio de contar con el arte de Jose y Juan, y otros músicos invitados.
“Los bailarines son instrumentos, como un piano que toca el coreógrafo.” George Balanchine, coreógrafo ruso.
No obstante, esta cita de Balanchine me inspira a reflexionar sobre cómo las bailaoras crean música constantemente en cada clase y cada ensayo, con otros recursos además de los típicos instrumentos musicales. Me refiero a los zapatos, las palmas, las castañuelas, los címbalos, los abanicos, los bastones; pero también, a las enaguas, los mantones, los sombreros. Todos estos elementos crean melodías con cadencias, marcan el ritmo característico de cada palo, y conforman armonías visibles entre las distintas interpretaciones de las bailaoras.

“El baile puede revelar todo el misterio que la música concede.” Charles Baudelaire, poeta francés.
En el ámbito individual, el baile se convierte en nuestro mejor aliado para el descubrimiento y la expresión de emociones presentes en la música; mientras que en lo social, se trata de nuestra generosidad, de la intencionalidad de transmisión de sentimientos al público que nos observa y llega a compartir nuestra interpretación artística.
Este mes de la música, permitámonos disfrutarla plenamente, incorporarla a nuestro día a día y, por qué no, asistir a alguna de las actividades conmemorativas. Démosle espacio, para que sea la música la que exprese nuestros más profundos sentimientos, aquellos que muchas veces ni siquiera nosotros mismos somos conscientes de su existencia.
“La música puede dar nombre a lo innombrable y comunicar lo desconocido.” Leonard Bernstein, compositor y director estadounidense
Por: Laura Valerio

El nutritivo arte de la enseñanza
13 May
El aprendizaje es un privilegio, tanto para quien enseña como para quien aprende. Quien estudia reconoce, relaciona, interioriza, pero también aporta variaciones. Quien guía transfiere, relaciona, al tiempo que reorganiza métodos y técnicas según sea la necesidad de sus aprendices.
El flamenco no escapa de esta interacción y su enseñanza es todo un arte, cargado de paciencia, esfuerzo, sensibilidad y todo el amor del universo mundial. Durante mis casi 8 años en la Academia Al Andalus, han sido estas cualidades visibles en mis profes, las que me han mantenido a flote.

Punta, tacón, tacón, tacón. No solo se trata de que la profe nos muestre el paso una y otra vez, sino que lo siga haciendo de forma armoniosa y atenta. Su paciencia es un regalo para nuestros momentos de frustración. El sentir su mirada sobre nuestro zapateado, buscando el error y alentándonos cuando entra en compás es sin duda un ingrediente clave en el éxito de nuestra permanencia.
From the top. Quien asiste a nuestra presentación final, se deleita con pulidos minutos de baile flamenco de gran nivel. Coreografías impecables, zapateados limpios, floreos completos, interpretación poderosa. Todo esto lo conseguimos a lo largo de meses de “darle y darle” como se dice popularmente. Una y otra vez. El esfuerzo es el segundo ingrediente indispensable. Esfuerzo por parte de quienes aprendemos y también de nuestras profes. Yo, por ejemplo, la miro, contando una y otra vez; revisando cada detalle, cada subida y bajada de brazos. Y me digo “Caramba, que vale la pena dar lo mejor de mí” y así es que, ante el cansancio, meto panza, levanto mentón, relajo hombros y comienzo de nuevo.

“Cada cuerpo y cada corazón son un mundo”. No todas las personas aprendemos de la misma manera. Tenemos ritmos distintos y capacidades diferentes. Muchas veces se coincide, pero gran parte del tiempo existe el desafío por parte de quien enseña de transferir conocimiento considerando estas significativas diferencias. En el baile lo anterior está presente. Por lo tanto, enseñar flamenco involucra un tercer ingrediente sumamente necesario alta sensibilidad, para escuchar, para observar, para corregir y para felicitar. Para reconocer cálidamente a cada persona como un ser humano único y construir empatía y vínculos de confianza. Esta cualidad debo escribir que es la que más ha calado mi camino en Al Andalus. A mis profes yo les tengo confianza.
Amar lo baila´o. Todas las anteriores cualidades y actitudes son reflejo de amor por lo que se hace. Si una no ama lo que hace, su trabajo, sus pasatiempos, las personas de alrededor, entonces es difícil vivir plenamente. En el proceso de la enseñanza-aprendizaje este es otro elemento clave. Sentir ganas de llegar a clase a pesar de una jornada dura, dar lo mejor de sí y trasmitir buena energía es sin lugar a duda la receta de una clase cargada de nuevo conocimiento y grata experiencia.

En el mes de mayo se celebra el Día Internacional de las Personas Trabajadoras y sin duda alguna las aprendices de Al Andalus nos sentimos honradas de contar con profes cuyo trabajo refleja altas cualidades humanas, las cuales contribuyen sustancialmente al éxito de nuestra academia. Ellas dan instrucciones, transfieren conocimiento y más aún nos involucran a partir del reconocimiento de cada una de nuestras particularidades.
¡Gracias Profes! Paola B.
“No bailo porque soy feliz, soy feliz porque bailo”
11 Abr

William James fue un filósofo y psicólogo estadounidense que vivió entre finales del siglo XIX y principios del XX. A pesar de ser una persona sumamente inteligente y con múltiples intereses y talentos, durante muchos años de su vida padeció de una depresión que le provocaba pensamientos de suicidio, ataques de pánico y alucinaciones.
Sin embargo, a pesar de ello James logró vivir casi 70 años y hacer una vida relativamente normal y esto en gran parte fue gracias a las ideas y teorías que desarrolló. Muchas de estas son hoy bastante expandidas, pero en su momento resultaron de vanguardia para la psicología.
James tiene muchas frases hermosas, incluida una que escuché recientemente: “No canto porque soy feliz, soy feliz porque canto”. De inmediato la parafraseé en mi mente, pensando en las tantas veces en que, aun con todo lo que me gusta bailar, quise colgar los zapatos de tacón.
Confieso que no han sido muchas las veces, pero claro que las ha habido, y estoy segura de que a muchas les ha sucedido. Le pasa a cualquier artista, por disciplinado o talentoso que sea. A veces es por sentirnos abrumados ante las múltiples obligaciones de la vida, otras veces es simplemente por pereza, porque es más cómodo hacer otra cosa que exigirme la disciplina que implica la práctica de cualquier arte. Y en otras es porque nos sentimos tan tristes por alguna circunstancia que, como James, no queremos ni levantarnos de la cama.
Y es que, como sucede con muchas cosas en la vida, situaciones o momentos que otrora nos causaban mucha emoción con el tiempo van perdiendo esa magia. Perdemos la capacidad de asombro y de alguna manera nos acostumbramos a bailar. Pero basta ponernos los zapatos y dar unos cuantos pasos al compás de esos ritmos tan particulares para reconectarnos con ese sentimiento sin igual, tan insuperable como inexplicable.

Este mes de abril es el mes de la danza y es una perfecta oportunidad para reconectarnos esa gran ilusión por bailar de los primeros tiempos. ¿Cómo hacerlo? Haciéndolo. Poniéndonos los zapatos y bailando con todas las ganas del mundo, con todo el amor del mundo, con toda la energía del mundo. Porque la felicidad no es algo que se siente y ya. Hay que construirla todos los días con nuestras acciones y pensamientos.
Por: Naty